Una pregunta fundamental que nos debemos hacernos todas las personas es acerca de lo que somos; debemos responder, pues, acerca del hombre, del ser humano, puesto que nosotros, cada uno, somos seres humanos.
Ahora bien, lo primero que podemos descubrir sobre nosotros mismos es que nacemos, crecemos, para ellos nos alimentamos, llevamos a cabo muchas actividades, nos multiplicamos, es decir tenemos hijos, y finalmente morimos.
Esto nos ubica junto a muchos otros seres dentro del reino animal. El hombre, sin embargo, se distingue de los demás animales; no es del todo igual a ellos. En particular nos distingue la inteligencia por medio de la cual conocemos las cosas. Por la inteligencia de alguna manera penetramos en lo que las cosas son y de algún modo las ponemos en nosotros mismos. Cuando conocemos algo hay una tensión desde nuestra inteligencia hasta las cosas que conocemos, que sabemos que son otras realidades pero que de algún modo las hacemos nuestras.
Además razonamos, comparamos, analizamos, sintetizamos... y todo ello es producto de esta misma facultad que llamamos inteligencia.
Todavía hemos de decir que poseemos una voluntad y que esa voluntad nos permite determinar nuestras acciones, según la verdad que hemos conocido. El ser humano debido a esta voluntad, que es además libre, resulta responsable de sus propios actos.
La voluntad es para el bien, pero puede escoger mal, precisamente porque es libre. El ser humano también posee una compleja afectividad, justamente porque es cuerpo y espíritu y por lo mismo también juegan un papel importante en su vida las pasiones, las emociones, los afectos y todo un mundo psicológico que forma parte de lo que somos.
Ahora, nuestra sociabilidad está anclada en lo que somos, es decir, en que somos animales sociales que buscamos la verdad y tendemos al bien. De este modo podemos comprender la importancia de una respuesta íntegra, completa en lo posible, a la pregunta de lo que somos.
Gran parte de los problemas de la humanidad se podrían resolver si descubriéramos que somos iguales en la dignidad, aunque seamos desiguales en muchas otras cosas. Mientras no reconozcamos en los demás lo que descubrimos en nosotros mismos, no podremos obrar con solidaridad, sino que nos veremos esclavizados por intereses egoístas, por sed de venganzas, por afán de lucro, etcétera