Cultura

Memoria y olvido –II–

Ninguna luz brilla sin proyectar una sombra. Por ello, frente al esplendor de los dioses luminosos, los griegos situaron a Letheo, el olvido, nacido de Eris, la discordia, hija de la noche. Junto con Letheo aparecieron el hambre, el dolor, la mentira, la disputa, el asesinato y la ruina. Letheo será el enemigo personal de Mnemosyne: la memoria y el olvido iniciaron así una batalla que acompañaría a la humanidad a lo largo de toda su existencia.

En la imaginación griega el infierno era muy diferente al cristiano. El Hades, gobernado por el dios del mismo nombre, era el mundo subterráneo de los muertos. En un inicio ese era el destino de todos los que dejaban esta vida; no solo de los malvados. Homero presenta el Hades como un lugar poblado de lo que hoy llamaríamos “zombis”: sombras que deambulan sin saber de dónde vienen o a dónde van.

En un episodio muy conocido de la Odisea, el héroe viaja hasta los confines del océano, a una región sombría cercana al mundo subterráneo. Allí cava una fosa y realiza sacrificios de sangre, para atraer a las almas de los muertos, porque las sombras carecen de vigor y memoria plena hasta beber la sangre que les devuelve momentáneamente lucidez y palabra. Homero parece estar diciéndonos que el mero espíritu no es nada sin el cuerpo: por eso para revivir temporalmente, los muertos debían beber sangre.

Entre los muertos Odiseo buscaba a Tiresias, el viejo adivino ciego con una profunda visión interior, el único que podría revelarle cómo regresar a Itaca y cómo evitar ciertos peligros para lograrlo. Pero el descenso al Hades termina convirtiéndose en mucho más que aquella consulta, porque Odiseo encuentra a su madre, a héroes de Troya, a mujeres míticas y al mismísimo Aquiles.

Este episodio es muy significativo, porque al descender al Hades, al mundo de los olvidados, Odiseo confronta el verdadero rostro de la muerte: el olvido. El Hades homérico no es principalmente un lugar de castigo moral; es un lugar de sombras privadas de plenitud vital y de memoria: es el reino de los que se han olvidado de sí mismos.

En la plática con Aquiles, en el canto XI, Odiseo intenta consolar al héroe diciéndole que fue glorioso entre los vivos y poderoso entre los muertos. Entonces Aquiles responde con una de las frases más tristes de la Odisea: “No intentes consolarme de la muerte, ilustre Odiseo. Preferiría servir como jornalero a otro hombre, a un campesino pobre y sin recursos, antes que reinar sobre todos los muertos.”

De esta manera Aquiles corrige retrospectivamente el ideal heroico de su propia vida, el mismo que el de toda la Ilíada: como buen héroe, él había escogido una vida breve y gloriosa, que permaneciera por siempre en la memoria de la humanidad, y no una vida larga y oscura que nadie recordara. Ya muerto, descubre su error: la posteridad es un ideal inútil para uno mismo, mejor sería no ser recordado y tener una vida larga y feliz, porque la muerte es el olvido no de los otros ni de los afanes cotidianos, sino el olvido de sí mismo.

Y el olvido de sí, la pérdida absoluta de la memoria y de propia identidad, es la verdadera muerte. Y aun así, como veremos en mi próxima entrega, el olvido es una fuerza necesaria y positiva para la vida. Porque como bien lo supo Friedrich Nietzsche, también es necesario “Un poco de silencio, un poco de tabula rasa de la conciencia, a fin de dejar otra vez espacio para lo nuevo.”

Pareciera paradójico: no lo es. Memoria y olvido son dos caras de la misma moneda.


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Paulina Rivero Weber
  • Paulina Rivero Weber
  • paulinagrw@yahoo.com
  • Es licenciada, maestra y doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus líneas de investigación se centran en temas de Ética y Bioética, en particular en los pensamientos de los griegos antiguos, así como de Spinoza, Nietzsche, Heidegger.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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