La detención y abatimiento de Nemesio Oseguera, ‘el Mencho’, no es sólo la caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación; es la confirmación del giro estratégico que ha decidido encabezar la presidenta Sheinbaum. Si el sexenio anterior se sintetizó en la consigna de “abrazos, no balazos”, lo ocurrido en Tapalpa marca el regreso explícito del Estado con la afirmación de su fuerza legítima.
El operativo encabezado por la Defensa Nacional no fue improvisado. Fue resultado de inteligencia militar central reconstruida durante meses a partir de detenciones de alto nivel: jefes de plaza vinculados al caso Rancho Izaguirre y funcionarios capturados en el operativo ‘Enjambre’. Cada aprehensión aportó piezas de información que, contrastadas con datos proporcionados por agencias estadounidenses, permitieron armar un mapa preciso del entorno del capo: escoltas, vehículos, teléfonos y contactos de emergencia.
Eso es arquitectura estratégica de seguridad. El contexto político también cuenta: el operativo ocurrió días después de que el Senado autorizara el ingreso de militares estadounidenses para capacitación y en el marco de la visita del secretario de Estado, Marco Rubio. La intervención directa de tropas extranjeras sigue descartada, pero el intercambio de inteligencia es una realidad operativa. Incluso el silencio inusual de Donald Trump sugiere coordinación previa. En seguridad, el silencio comunica.
La reacción del CJNG, con bloqueos y disturbios, era previsible. Pero no hubo ‘culiacanazo’. Las fuerzas federales contuvieron el desborde y evitaron pánico generalizado. Más aún, los fuegos encendidos en el país, ofrecieron al gobierno una radiografía territorial del grupo criminal, indispensable para impedir que el vacío derive en guerra interna.
Fuera del plan, el deceso del líder criminal. Murió a consecuencia de las heridas del enfrentamiento. Se buscaba capturarlo con vida para su traslado a EU por cargos de fentanilo.
PALABRAS CLAVE
Victoria significativa que envía mensaje hacia adentro y a Washington. “Abrazos, no balazos” fue una apuesta política para desescalar la violencia desde una lógica social; la detención y abatimiento del Mencho representa, una afirmación directa del poder estatal. Habrá que entender qué momento histórico exige qué instrumento. El país pasó del humanismo discursivo al realismo estratégico.