El nuevo show de RuPaul, AJ and the Queen que ya se puede ver por Netflix, es muy malo, pero al mismo tiempo es imposible no reconocer que tiene las mejores intenciones y toca los temas que debía tocar: identidad de género, salud mental en los hombres gays, homofobia, transfobia, relaciones tóxicas, uso de drogas, etc. El problema es el tono, la serie quiere ser blanca y familiar todo el tiempo y se pierde en chistes tontos, sin embargo ahí también hay un valor, estamos hablando de una serie de comedia protagonizada por una drag queen y un infante queer, que perfectamente puede ver toda la familia. El alcance del show y la visibilidad de la diversidad son su valor más grande.
Da coraje porque esta era la oportunidad de ver en acción a la leyenda del drag y sí, hay momentos en la serie que le hacen justicia, sobre todo aquellos donde toma el escenario y recrea actuaciones memorables de iconos gays como Olivia Newton-John o Diana Ross, pero tristemente todas las circunstancias alrededor son muy menores. Hay un par de villanos insoportables durante toda la serie que podrían no existir, solo hacen peor la experiencia.
A pesar de lo deficiente de su historia, tengo que aceptar que es un show que disfruté ver, porque está pensado para mí, porque hay referencias gays todo el tiempo y aunque la mayoría de las veces están metidas con calzador, me gusta pensar que todos los involucrados en el proyecto sabían que este es un show dirigido a la comunidad LGBT+ y en especial a los hombres gays. Es un desastre que muchos hombres gays podemos superar. Pudo haber sido un gran programa de televisión.