En el tratamiento de adicciones, como en muchos otros que tienen que ver con el estado mental y emocional de las personas, analizar las heridas conscientes o inconscientes adquiridas en algún momento de nuestras vidas, es un recurso verdaderamente liberador.
Como en casi todos los tratamientos psicoterapéuticos o talleres de crecimiento personal, el poder sanar estas heridas del alma tienen como inicio primordial, la aceptación de que existen, de que está causando algún tipo de trastorno y, la voluntad para pedir ayuda.
La ensayista canadiense Lise Bourbeau es una de las favoritas para aplicar técnicas de sanación de estas heridas, a través de las diversas herramientas que nos propone en sus libros “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo”, “Escucha a tu cuerpo” y “Obedece a tu cuerpo”, en los que nos expone a través de estudios documentados, la relación que existe entre el dolor ocasionando a las personas en algún momento de sus historias de vida y de cómo este puede afectar en la conformación corporal, el surgimiento de enfermedades psicosomáticas y factores que impiden el desarrollo pleno del ser humano.
Hoy que como consecuencia de las daños colaterales de la pandemia que azota a la humanidad, estamos volteando a ver la importancia de la salud mental, es importante conocer de la existencia de estos planteamientos ya que en ocasiones estas heridas permanecen ocultas por muchos años y surgen precisamente a través de factores que las detonan y que puede hacer que las personas perdamos el rumbo de nuestro caminar, sin saber que en nuestro inconsciente había guardada información que hace explosión cuando una crisis intempestiva se presenta.
En nuestra experiencia trabajando con adicciones, codependencia y otros trastornos de la conducta, encontramos que las heridas del alma pueden generar resentimientos que, si no se curan suelen convertirse en veneno para el interior de las personas y sus múltiples consecuencias en los que estos pueden convertirse.
Es quizás por ello que una de nuestras sesiones preferidas en el trabajo personal o familiar, trabajar estos resentimientos hasta liberarlos y eventualmente, conseguir una sanación plena en el hallazgo del perdón.
Amarguras, conductas antisociales, desvíos de personalidad, adicciones, violencia, delincuencia e insatisfacción permanente, son algunas de las consecuencias de crecer y vivir con estos resentimientos, sin atenderlos debidamente.
Y si esto es delicado a nivel individual o de grupo, como el caso de la familia, imaginemos comunidades o sociedades afectadas permanentemente por algún tipo de resentimientos, en las que se pierde el sentido del ser y la consciencia social.
De ahí la importancia en trabajar de forma preventiva y en la atención de estas circunstancias que a veces pasan inadvertidas y que suelen provocar más perjuicios de los que siquiera pudiéramos imaginar.
En la fase preventiva, es importante acercarse a los hijos en la niñez y en la adolescencia para poder estabilizar las heridas normales que van acumulando en sus vidas y, proveerles de las herramientas que fortalezcan su condición emocional y su capacidad de resiliencia.
En la parte de atención y tratamiento, más que ver la situación o el síntoma de la persona, eventualmente hay que explorar en su historia de vida y acompañarle en la resignificación de la misma, libre de resentimientos y plena de perdón y aceptación.
Las heridas del alma individuales pueden construir heridas del alma colectivas, por ello, hagamos consciencia de la importancia de vivir en plenitud y sin las cargas que hoy los seres humanos solemos cargar sin darnos cuenta.
Omar Cervantes Rodríguez