El día que en México se celebra a los comunicólogos y en ocasión de una interesante sesión virtual con un padre de familia preocupado por sus hijos, reflexionaba este miércoles de la importancia de la comunicación con los hijos en todos los aspectos de sus vidas.
En términos de prevención de adicciones, de hecho, uno de los factores de protección más poderoso en los adolescentes es el de promover la comunicación asertiva y la expresión de los sentimientos propios, que por resultado le darán mayor seguridad y autoestima a los jóvenes, herramientas ambas que les puede hacer tomar mejores decisiones en temas de riesgo como el consumo de sustancias, la sexualidad y otros aspectos de su desarrollo.
Cuando doy pláticas a padres de familia en secundarias o preparatoria una de las preguntas más recurrentes es la de saber qué hacer para prevenir en temas como adicciones, a lo que suelo responder: saber dónde andan sus hijos, con quién y haciendo qué.
Los seres humanos necesitamos seguridad afectiva y confianza del círculo cercano, por lo qué hay más funcionalidad cuando se promueve el diálogo, el respeto, el amor y la contención entre los miembros de la familia.
Ser padres es más allá de jugar el papel de proveedores, cuidadores o acompañantes que cumplen sus obligaciones como tutores.
La comunicación asertiva y afectiva muchas veces es más poderosa que todos los roles domésticos o rutinarios que podamos cumplir ante nuestros hijos y, desafortunadamente, muchas veces la pasamos por alto suponiendo que si cumplimos con nuestras obligaciones lo demás se dará por añadidura.
Necesitamos seguridad afectiva y confianza del círculo cercano
Cuando llegan los padres con hijos en consumo de sustancias ya sea inicial, en abuso o dependencia, una de las posturas casi cotidiana es el decir que están dispuestos a hacer lo que sea para ayudar a los jóvenes, en muchas ocasiones de forma tardía y buscando que alguien les dé en algunas sesiones las herramientas que debieron buscar desde mucho tiempo atrás, como la estrecha comunicación con ellos.
Acércate a tus hijos, conquístalos, abre la comunicación con ellos, ámalos y exprésaselos, ponles límites amorosos y firmes, conócelos, involúcrate con ellos, trata de entenderlos, haz consciencia de que “tus tiempos” y los suyos son muy diferentes, practica la empatía y asume que no hay manuales para ser buenos padres más que lo que te dicta el corazón cuando hayas aceptado la soberbia con la que solemos decir que les dimos todo y fuimos buenos papás. _
Omar Cervantes
omarcervantesrodriguez.esp@gmail.com