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La peste

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  • Olga Wornat

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El final de las históricas elecciones presidenciales en Brasil, sorpresiva y contundente aún para los optimistas, que por cuarta vez lleva a Luiz Inácio Lula da Silva, al despacho presidencial del Palacio del Planalto, el mismo que hoy ocupa en Brasilia y que fue invadido por las hordas salvajes de la ultraderecha de Bolsonaro padre, el 8 de enero del 2023, con el objetivo de desconocer el triunfo de Lula y pedir una intervención militar. Las imágenes impactantes que trasmitieron las televisoras del mundo y las redes sociales, realmente provocaban terror. En aquel entonces, el mandatario Jair Bolsonaro, padre de Flávio, el candidato que enfrentó a Lula da Silva en estas elecciones, se encontraba en Orlando, Estados Unidos, y según las investigaciones del Supremo Tribunal de Justicia, desde allí dirigió la revuelta e incitó a la violencia a miles de seguidores fanatizados, que ingresaron al palacio, rompieron lo que encontraron a su paso y saquearon obras y óleos de valor histórico. Pero como nada es gratis en esta vida, en septiembre de 2025, el exmilitar de turbio pasado, autoritario, reivindicador de la tortura y misógino, terminó condenado a 27 años de prisión.

¿Por qué recuerdo ahora, en medio aún de la celebración de millones de brasileños, que su “Papá Lula”, como llaman con cariño los más humildes, al hombre de 81 años, que luchó hasta quedar exhausto, para no entregar al amado Brasil a la ultraderecha vendepatria y corrupta? ¿Por qué traer los antecedentes de una historia, ignominiosa para la democracia brasileña? Porque creo que lo que comienza mal, termina peor y porque jamás debemos perder la memoria, ni distraernos del objetivo prioritario: el bienestar de la gente. El triunfo arrasador de Lula lo demuestra: nunca bajó los brazos, nunca se resignó al resultado de las encuestas.

Imaginé, aterrada, durante días y noches, como muchos de ustedes, ¿qué habría sucedido si el senador Flávio Bolsonaro, hijo del presidiario, ayudado por sus amigos de Sillicon Valley, el evangelismo de derecha y los malandros de pistola al cinto, hampones y asesinos a sueldo, ganaba las presidenciales? 

Simplemente, estoy segura, una catástrofe se extendería por América Latina, como una peste y nos hundiría en la inmensidad del inframundo. Imaginé a Javier Milei, vergonzoso mandatario argentino que nunca gobierna, gritando como un desquiciado, abrazado a su nuevo socio para la destrucción y el delito. 

El filósofo y escritor Albert Camus, ganador del Nobel de Literatura y dueño de una vida plagada de contrastes, siempre se negó al nihilismo de su época y reivindicó en sus escritos como una sentencia, al hombre que se rebela, al que se niega a ser una pieza de un sistema brutal y cruel con los vulnerables y lucha contra las injusticias, aunque el destino lo lleve a la derrota o la muerte. ¿Es Lula da Silva ese hombre que Camus visualizaba en sus libros? Quien sabe, pero se asemeja. Mientras tanto, Flávio Bolsonaro, como un rata asustada, huyó a Estados Unidos, con una breve escala en Argentina, donde lo aguardaba su amigo Milei, quien lo llamó “Presidente”.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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