Política

Réplica de la embajada de Rusia al artículo del embajador de Ucrania

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Nos llamó la atención la publicación del embajador ucraniano en la que se lanzan acusaciones contra el canal de televisión RT sin presentar al lector, como es habitual,  prueba alguna. Ni hechos, ni argumentos: sólo consignas propagandísticas y acusaciones infundadas. En esencia, se trata de un llamamiento a la censura, a la restricción de la libertad de expresión y a la vulneración del derecho de los ciudadanos al libre acceso a la información. Y esto ya no es cuestión de preferencias diplomáticas o simpatías políticas. Es un llamamiento directo a violar las normas democráticas universales y los principios internacionales de la libertad de prensa. 

Por otra parte, esta postura no es sorprendente. En ella se refleja claramente el orden que se estableció en Ucrania tras la llegada al poder, en 2014, de una élite ultrarradical —en esencia neonazi— fruto de un golpe de Estado organizado con el apoyo de los países de la OTAN. Año tras año, al amparo y con el tácito consentimiento de los patrocinadores occidentales, se ha desarrollado una campaña de represión de la disidencia y de persecución política contra los medios de comunicación y los periodistas de la oposición. Como resultado, el panorama mediático ucraniano ha sufrido una purga prácticamente total. Los medios de comunicación independientes han sido sometidos al control de las autoridades o cerrados. Los periodistas de la oposición han acabado en la cárcel, en el exilio o han sido asesinados. En lugar del periodismo libre, lo que queda es un aparato de medios de comunicación al servicio del poder ilegítimo.

Por eso, los ataques a la libertad de prensa por parte de los representantes del régimen de Kiev no sorprenden. No hacen sino poner de manifiesto qué tipo de prácticas políticas se consideran normales en Ucrania. En su agresión contra la libertad de expresión, Kiev intenta emular a sus patrones de los países de la UE, donde las declaraciones rituales sobre la libertad de expresión en un “jardín floreciente” conviven con prohibiciones totales de la actividad de los medios de comunicación rusos y de la difusión de información independiente. Se ha prohibido la emisión del canal RT y de la emisora de radio Sputnik, se han cerrado las oficinas de prensa y se ha expulsado a los periodistas. ¿Por qué los neocolonialistas occidentales tienen tanto miedo de uno o dos medios de comunicación rusos? La respuesta es obvia. Porque incluso una sola voz que proclama la verdad asusta a quienes están acostumbrados a imponer a todos su punto de vista como el único válido. ¿Por qué consideran a sus ciudadanos unos tontos incapaces de distinguir entre la verdad y la propaganda? Es que se puede derramar océanos de tinta, disponer de una maquinaria propagandística con presupuestos de miles de millones de dólares, cientos de canales de televisión, interminables programas informativos y ejércitos de columnistas que siembran odio hacia Rusia. Pero basta con una sola voz que diga la verdad para derribar esta casa de cartón de propaganda antirrusa. Como David vence a Goliat. Una sola palabra de verdad pesa más que megatoneladas de mentiras.

Resulta especialmente simbólico que este ataque a la libertad de prensa se produjera el 8 de septiembre, el Día Internacional de la Solidaridad con los Periodistas. Esta fecha se instituyó en 1958 en memoria del periodista checoslovaco y antifascista Julius Fucík, ejecutado por los nazis en 1943. Su nombre se convirtió en símbolo del valor de un periodista que no renunció a sus convicciones ante la amenaza de muerte. Los seguidores ideológicos y herederos de los nazis alemanes que actualmente capitanean en Kiev siguen los pasos de sus héroes e ídolos entre los colaboradores de Hitler: ejercen presión sobre los periodistas y destruyen los medios de comunicación que no les convienen. La diplomacia ucraniana pretende realizar lo mismo, lo que demuestra una falta de respeto hacia los valores universales, hacia el país de acogida y hacia el pueblo mexicano. Nadie tiene derecho a decidir por otras personas qué deben pensar, qué deben ver, qué deben leer y qué deben decir. Precisamente en eso radica el sentido de la libertad de expresión.


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Nikolay Sofinskiy
  • Nikolay Sofinskiy
  • Embajador de la Federación de Rusia en México
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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