Tarde un tiempo en darme cuenta de todo el despapaye que se estaba dando con lo de las tradwife porque estaba luchando por mi vida para poder pagar la renta de mi casa.
Me resultó insoportablemente irónico, darme cuenta que había un porcentaje de la población femenina que desea con todas sus fuerzas ser cuidada económicamente por un hombre al 100%.
La neta es que no las culpo.
Sobrevivir en este sistema es sumamente cansado y devastador para todas.
Trabajar, criar, autocuidarse, emprender y aun así no llegar a fin de mes es la realidad de la mayoría de la población y entiendo porqué la idea de un hombre proveedor al 100% que te quite una o dos de esas cargas de encima suena tan tentador y, sobre todo, resulta tan VENDIBLE.
Sin embargo, creo que no debemos perder de vista que las tradwife son eso, un producto. Un producto del patriarcado blanco y colonial porque aquí, los mexicanos están quejándose de invitar una hamburguesa triple a una mujer en su primera cita.
No tenemos el target de proveedores que buscan una mujer para tradwifearla y SIN EMBARGO, si hay un montón de mujeres en redes romantizando la esclavitud doméstica, levantándose a las 3am para enviar lonches, documentando como limpian los baños y generando contenido aspiracional que es una amenaza a la salud mental de miles de mujeres que están criando o cuidando el hogar desde otro espacio menos visible y menos aestetic.
Son muy pocos los hombres que pueden dar una vida de tradwife a una tradwife y, no olvidemos que nuestras abuelas fueron tradwifes y como resultó eso: mujeres que tenían que soportar infidelidades, golpes, reglas estrictas que limitaban el libre albedrío y, en algún momento, casi todas se dieron cuenta que no tenían ni para un labial.
Que tenían que pedir para comprar calzones.
Que se enfermaban y había reproches por no tener la casa limpia y la comida hecha.
Esas tradwifes que fueron nuestras abuelas finalmente murieron enfermas por la sobrecarga mental, laboral y emocional o bien lucharon para liberarse o a escondidas se fueron haciendo de autonomía, vendiendo gorditas, tandas, catálogos.
Las tradwifes actuales no son tu amiga queriendo instagramear su rutina diaria. Son las mujeres que integran todo un sistema de producción en su cocina, en su rutina, en su crianza. Tradwife es producto del capitalismo blanco.
No es una moda pasajera, es una amenaza política. No es una moda de Instagram, es una propuesta del capital para convencernos de regresar a nuestras cocinas y soltar las calles, soltar la lucha, soltar todo lo que hemos logrado.
Ya hay congresos y propuestas que buscan quitar el voto femenino y asignarlo como voto por familia en los Estados Unidos y aquí la facción conservadora de los partidos políticos están haciendo eco.
Ya hay una propuesta para forzar a las mujeres que elijen abortar a escuchar los latidos antes de tomar la decisión, como una manera de criminalizar el derecho a decidir.
El movimiento de las tradwife como producto atractivo del mercado, el avance de la ultraderecha conservadora en todos los aspectos de las políticas y la vida pública, no deben ser ignorados ni tratados con humor.
Deben ser tomados como una amenaza real, no vaya a ser que los derechos ganados con tanto esfuerzo se esfumen de la noche a la mañana, como paso en Estados Unidos con el derecho al aborto hace apenas unos dos años.
Ni un paso atrás. Por muy tentador que se sienta, depender de un hombre es un riesgo que no vale la pena correr y por el que no vale la pena arriesgar nuestros derechos.
Libertad financiera para todas las mujeres como estrategia de autocuidado femenino, siempre.