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El Autocuidado es una losa que hay que cargar

  • Criando Consciencia
  • El Autocuidado es una losa que hay que cargar
  • Nadja Alicia Milena Ramírez Muñoz

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Porque, ¿quién puede autocuidarse cuando tres niños le gritan a través de la puerta del baño cuando trata de desenredarse a fondo el pelo?

O cuando tienes la cabeza llena de sumas, restas, estrategias, para llegar a fin de mes y pensar en comprarse un café, comprarse una blusa, ponerse uñas, que se acabe el gas si se toma un rato más bajo el agua caliente le resta en dinero y le suma en ansiedad.

A veces el Autocuidado es "fácil", dicen, por ejemplo, puedo cuidarme a mí misma cuando elijo dormir una siesta. 

Bueno, me acuesto con la bebé en la chichi, les pongo Paw Patrol y me duermo, pero despierto con una culpa inmensa por no lavar los trastes, no ver TV con mis hijos, no haber atendido a las clientes durante esas dos horas.

Todos dicen "ámate a ti misma, cuídate a ti misma" pero nadie entiende como en el mundo de las madres, el real (no el de los post chulos en Instagram), ellas, que tienen el mundo por crear, hacer, cargar, cuidar; cualquier espacio para beber agua, ir a hacer pipí o ponerse a hacer yoga, lo sienten como el acto más egoísta y superficial del mundo.

Y después se asoman a Tiktok y se sienten culpables por no tener tiempo para irse al GYM o ponerse la mascarilla de pepino. 

Las madres estamos atrapadas contra una pared de exigencias ridículas y ajenas, mientras del otro lado las expectativas heredadas sutiles o violentas que esperamos y espera nuestro linaje y modelo materno de nosotras mismas y para nosotras mismas nos empuja con fuerza.

El trabajo con el merecimiento materno es un arduo camino, un reaprendizaje absoluto, es aprender a mirar a la tía que cuando no tenía "nada que hacer" (casa impecable, niños en la escuela), mejor se ponía a hacer tortillas de harina para “no estar ociosa”, pero esta vez mirarla bien y mirar su carrera en pausa y sus sueños guardados en la estufa y los hornos llenos de postres.

Es injusto tener que trabajar por algo que deberíamos tener gratis, lógico, orgánico. 

Es hacer un trabajo que no debería tener que estar allí, hacerlo además sin absolutamente ninguna herramienta, porque el padre que no aporta seguirá ahí, el trabajo precario que me da para darle de comer a mi hijo, pero no para tener tiempo de jugar con él ahí está, la guardería helada hacia la que tengo que sonreír con dulzura pese a la brusquedad de sus tratos hacia las infancias, por miedo a que lastimen a mis hijos ahí está. 

Las caras perfectas retorcidas en sonrisas que nunca vamos a poder alcanzar ahí están, lo que se supone debería poder ser en los anuncios en la TV, en las revistas y en todas partes ahí están.

Y este trabajo injusto consiste en agarrar la culpa y pasar por encima de ella, porque no se va a ir, pero si podemos retorcerla un poco para que quepa debajo de la cama y entonces, tal vez, dejaremos de evitar con tanto empeño fumarnos ese cigarro, comprarnos ese conjunto, tomarnos ese domingo y sentarnos en ese café. 

El hacernos amigas del ocio, integrarlo y lograr que nos dé un poco menos de culpa vivirlo y ejercerlo, cuando eres madre, no es fácil, no es bonito y es injusto en el mejor de los casos, pero es necesario, si quieres salir viva de la crianza y si quieres saber quién eres y quien puedes ser después de todo esto.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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