Quien escribe es la pluma, pero lo escrito solo vive a través de la página. Pude hacer mil trazos en el aire, anotar una frase eterna que tuviera al horizonte como renglón interminable. Habría sido el silencio, como silencio es el eco de la propia voz resonando en la cabeza.
Comentó Rosa Montero en la FIL Monterrey 2025 que al escribir columnas de opinión trae siempre una especie de huerto en la mente. Va tomando ideas y las va dejando germinar en ese espacio. A la hora de redactar, hay que ir por alguna “zanahoria” que haya madurado lo suficiente.
Pues me declaro hortelana como ella. Una hortelana que a veces tiene buenas cosechas y otras no tanto. Pero la página, lo que realmente comunica, siempre ha estado allí. Por eso, hoy que se cumplen 20 años ininterrumpidos de participar en este medio, quiero agradecer a MILENIO por el privilegio de que mi pluma tope con sus páginas y que aquí se exprese.
Miro hacia atrás y constato cuánto ha cambiado el país desde entonces. En esta suerte de balcón pude comentar el cierre de la primera presidencia de oposición en México, el final de fotografía de la elección de 2006, el inefable regreso del PRI a Los Pinos, la campaña permanente de López Obrador y su arribo al Ejecutivo. Luces y sombras de nuestra vida electoral.
Desde aquí compartí también la emoción de ver la inclusión de la paridad como principio constitucional, la integración de congresos locales y federal paritarios, los liderazgos femeninos en las mesas directivas de ambas Cámaras, la llegada de una ministra a encabezar la Suprema Corte y, por supuesto, el arribo de la primera mujer Presidenta de la República.
Pero, sobre todo, he podido dejar testimonio de lo que ha hecho posible estos cambios: la lucha incansable de las mujeres en todos los espacios y su reflejo tenaz en las marchas del 8 de marzo. El nombre de esta columna, Diamantina Rosa, busca honrarlas, porque haciendo de la purpurina su “arma de combate” han protagonizado la gran revolución mexicana del siglo XXI: la igualdad.
Gracias, MILENIO, por el espacio, pero, sobre todo, por la libertad para ocuparlo.