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Vencer a Inglaterra también entra en el libreto

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M+.- Con Inglaterra enfrente, el reto de México no será sobrevivir. Será animarse a competir.

Hay partidos que se juegan desde el silbatazo inicial y otros que comienzan mucho antes: en la conversación pública, en los pronósticos y en esa idea instalada de quién debe ganar. México contra Inglaterra pertenece a esa segunda categoría. Impulsado por el buen futbol que mostró ante Ecuador en la ronda pasada.

Inglaterra llega con una de las plantillas más completas del Mundial. Tiene futbolistas de primer nivel, profundidad en el banquillo y un entrenador como Thomas Tuchel, que le dio orden a una selección que durante años confundió talento con autoridad. Pero una cosa es reconocer el potencial inglés y otra asumir que el partido ya está escrito.

La selección inglesa mostró su potencia en este Mundial ante Croacia, un rival que le exigió, aunque terminó cediendo ante la contundencia de los europeos. Frente a Ghana exhibió quizá su versión más discreta: el dominio del balón no fue el problema, sino la falta de contundencia. Paraguay le exigió poco y, ante Congo, se encontró con un gol en contra muy temprano —al minuto 7— y con la dificultad de romper el partido hasta el 75’.

Ante México, si el encuentro entra en una dinámica de circulación inglesa, repliegue constante y resistencia esperando un contragolpe aislado de los dirigidos por Javier Aguirre —algo que parece poco probable—, el tiempo empezará a jugar del lado europeo. Ahí aparecen Jude Bellingham encontrando espacios, Harry Kane intentando capitalizar cada llegada y los extremos atacando cuando el desgaste ya hizo efecto.

Pero la historia de México ante este tipo de rivales también ha dejado una lección importante: cuando deja de mirar el tamaño del oponente y empieza a jugar desde sus propias fortalezas, compite distinto. Históricamente, al Tricolor lo han castigado los detalles: un descuido, una tanda de penales o el exceso de confianza que termina dejándolo a la orilla del sueño.

Inglaterra tiene nombres que pesan, sí, pero tampoco ha sido una selección avasalladora. En distintos momentos del torneo ha mostrado algo que antes parecía impensable: cuando el partido se ensucia, cuando el rival le impide instalarse o cuando debe jugar desde la desventaja, también luce humana.

México necesita convertir el juego precisamente en eso: incomodidad. Provocar segundas jugadas, interrumpir el plan inglés, presionar, sorprender con un gol tempranero y sostener una defensa sólida que reduzca espacios.

Que Bellingham reciba incómodo. Que Kane tenga que tocar lejos del área. Porque si el duelo se convierte en una exhibición de jerarquías, Inglaterra tiene demasiadas herramientas. Pero si se transforma en un partido emocional, tenso y con poco margen para pensar, entonces aparece ese territorio donde los Mundiales suelen romper pronósticos.

México ya hizo algo que durante décadas pareció imposible: ganar una ronda de eliminación directa. Ahora enfrenta una prueba distinta. No se trata de demostrar que pertenece a esta instancia; se trata de cambiar el guion.


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Minelli Atayde Zarco
  • Minelli Atayde Zarco
  • minelli.atayde@milenio.com
  • Editora general de La Afición. Periodista deportiva con 20 años de experiencia. Conductora de La Afición en Milenio Televisión
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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