Política

Panem et circenses

La expresión latina es bastante común, pero de vez en vez sale a relucir puesto que los romanos de principios de nuestra era solían ser bastante avezados para observar las actitudes del gobierno, en su caso un gobierno imperial, -modelo histórico al que muchos aspiran de una manera u otra cuando pretenden la imposición de su voluntad y aplicar la fuerza de su autoridad-, para que tarde o temprano afloren sus intenciones de salirse con la suya. Por ello al poeta y escritor romano Juvenal le pareció claro que “pan y circo” constituía una fórmula casi infalible que debía ser objeto de una profunda reflexión en nuestros días.

Para Juvenal, autor de las famosas “Sátiras”, el dar al pueblo “panem et circenses” se reduce al propósito de un gobernante a quien le convence que mientras la población coma y se divierta, no causará problemas y estará casi a ciegas a su favor. Tan apática llegaba a ser la gente de su tiempo que esa estrategia de los emperadores resultaba prácticamente infalible. En cambio, el “pueblo” no se percataba de que en el fondo lo que querían ellos era simplemente hacer lo que se les venía en gana.

El presidente de México considera que la población es “feliz, feliz, feliz”, lo cual es en parte una realidad ya que lo que se ha buscado es sufragar en mínima parte si se quiere, las necesidades básicas para la supervivencia. Sin embargo, hay que atender esos requerimientos, de eso no hay duda, y en especial valdría la pena poner a buen recaudo por ejemplo el bien ganado derecho a una cierta pensión que al menos ayude a vivir con lo elemental. Nada más justo y plausible. Este es el caso sin duda de las pensiones para los adultos mayores, si bien quizá el gasto no sería tan oneroso o simplemente mejor distribuido si se hubiera considerado que en la escala de dicha edad también hay quienes no lo necesitarían. Pero el tema central era el otorgamiento de una prestación pecuniaria que fuese ante todo universal, es decir, parejo para todos, ricos, pobres o de clase media. El pan, pues, no se le negó a nadie.

Lo malo, y aquí es donde viene lo grave del asunto, es que dicha pensión, mini o como se le quiera ver, se convierte en una especie de obligación velada de esperar algo a cambio. Así han surgido muchos políticos morenistas con la mala intención de amagar a los adultos con ese derecho en cuanto a que deben seguir votando por su corriente o partido, a menos que quieran ver peligrar lo que ya se les otorgó. Abierta o veladamente se amenaza de esta manera y aunque difícil de medir, difícilmente se podría negar que por algún grado de agradecimiento o por temor a perder, la cifra de adultos mayores crecerá en las urnas a favor de la 4T.

En otros casos cuesta un poco más de trabajo encontrar explicación a las pensiones. Es altamente positivo que se entreguen a personas con capacidades diferentes, pero en el caso de los jóvenes, donde reina el descontrol ya que está comprobado que en los centros de “aprendizaje”, sobran empresas que se prestan al juego para que todo termine en un dando y dando. Del famoso “sembrando vida”, es hora nadie ha dado cifras específicas sobre sus auténticos beneficios y se limita a dar números que suman enormes, increíbles áreas sembradas que impactan pero que no necesariamente concuerdan con la realidad. En suma, se reparte tal vez de más por el simple afán de seguir fomentando una dependencia del régimen, lo que comúnmente llamamos clientelismo, eficaz en la hora de los comicios.

Nuevamente nos remitimos a Juvenal para recordar que efectivamente en tiempos del emperador Domiciano la cruel dictadura que ejerció éste llevó sobre todo a cambios en las leyes romanas hasta destruirlas (¿dónde hemos visto eso?), mientras que el pueblo lamentablemente se conformaba con el alimento que se le obsequiaba. Pero faltaba otro ingrediente para mantener en “calma” a los ciudadanos: la diversión. Una idea de que esto era también una cuestión bien analizada ya que los romanos de esa época llegaron a tener más de 180 días de asueto al año, la mayoría invertidos en participar en toda clase de festividades, juegos y luchas de gladiadores.

Cuando vemos en México a Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la ciudad de México, cada vez más ungida como sucesora del presidente, organiza sus festivales masivos en pleno zócalo capitalino, vemos que hay dentro de todo no sólo un afán de notoriedad -especialmente ante sus alternantes en el proceso de selección que hasta ahora todo indica ganará-, sino que se revive mucho aquella postura de que al pueblo hay que mantenerlo entretenido, felizmente gustoso. Los espectáculos se han repetido continuamente, inclusive con objetivos tan dispares como un informe político o una “marcha” en la que mucho ayuda congregar de esta manera a sus espectadores.

“Panem et circenses”, pan y circo. Sin duda poco ha cambiado esto desde Juvenal y parece que en todo lo largo de la historia.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: @MiguelZarateH


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Miguel Zárate Hernández
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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