La iniciativa presidencial fracasada de repente se convirtió en “plan B”. O sea, una versión alterna totalmente descafeinada y, lo peor, carente de todo lo que en realidad se necesita para modificar las leyes electorales y mejorarlas, como de hecho ha venido sucediendo desde hace ya más de cuarenta años en cambios sucesivos que sí han sido trascendentales. Pues bien, a los “aliados” del régimen, quienes ya se les cayó el último barniz de vergüenza, si es que alguna vez la tuvieron, les tocó la de enfrentar a la ira de la Jefa de Estado por no haber accedido a ceder prebendas, recursos y curules. Claro, ahora se busca recomponerle el semblante a Sheinbaum y hacerla ver como que en realidad si querían hacerle caso. Igualito a como lo hacía su antecesor, hoy tan preocupado por que no tumben a la dictadura cubana y que hasta quiere que sean los mexicanos los que salgan al quite para sufragar y alargar su régimen. ¡El colmo de la desfachatez!
Sin embargo, aquí los pretendidos cambios, incluso constitucionales, que busca la reforma “light” con la que busca conformarse la presidenta y no verse tan mal, en realidad se reduce a una cuestión de manejos presupuestales y, lo que agrava las cosas, es una postura abiertamente injerencista en la soberanía de las entidades federativas. Es decir, no está nada mal que se advierta el dispendio y el abuso que se ha tenido en muchos estados para sufragar estructuras onerosas en las legislaturas locales y en los cabildos municipales. No, eso es algo que está presente y no se puede negar. Pero, en verdad se está siguiendo para corregirlo el peor de los caminos ya que se trata de gastos programados y autorizados en cada gobierno local. Si este nivel de autoridad no es tomado en cuenta, ¿entonces en qué consiste el llamado pacto federal?
En lo personal me parece una salida fácil que viene a ser algo equivalente al dicho aquel de que “hágase la justicia de la revolución (en est caso transformación), en los bueyes de mi compadre”. Los partidos que en la iniciativa fracasada no dieron su respaldo a Morena, habíamos señalado, no fue a título de la preservación de la democracia sino a la protección de sus intereses. Salvado este punto, lo demás no les afecta gran cosa y se muestran hoy más que dispuestos a doblar las manitas y reafirmar su voluntad de seguir en alianza con Morena y con la presidenta.
Y ahora resulta que es tan pero tan grande la voluntad de evolucionar que no se dan tiempo estos organismos políticos satélites, para pensar en que una verdadera decisión de “ahorrar” recursos en favor del “pueblo”, está en las exorbitantes cantidades que se gasta en ellos. En global, todos recibirán este año una bolsa de alrededor de ¡7,500 millones de pesos! Sólo Morena tendrá 2,650 millones. Los satélites tendrán nada menos que 832 millones el PVEM y 670 millones el PT. Y eso que no es año electoral. Está más que obvio que la alegata de recursos está en otra parte, no en las administraciones ni los congresos locales, a quien ciertamente corresponde hacer los ajustes correspondientes.
Y luego la “minireforma” de Sheinbaum, salvados los fondos de los partidos y, por supuesto, las curules plurinominales de las que viven y siguen viviendo, se aboca a otros temas que no dejan de tener ciertos bemoles. Por ejemplo, lo de la revocación de mandato (o lo que queda de ella), que se haría según su intención a empatarla con las elecciones del año próximo. Claro, esto subiría a la presidenta al carro electoral y ya puesto en él, incluso tendría opción a realizar su propia campaña. Esto ya no es una reforma, es una verdadera vacilada, ya que cualquiera ve la pretensión de fondo que es la de acompañar a sus candidatos para que tengan más posibilidades.
Así las cosas, el que la Cámara de origen sea el Senado es lo de menos. A fin de cuentas, se logra la mayoría calificada con los partidos que ahora hacen genuflexión ante la presidenta. Difícil creer que esta es una reforma seria y que contribuirá a ampliar el espectro democrático del país. Lástima, a la presidenta se le va ya de las manos la oportunidad de hacer verdadera historia y opta por doblegar en vez de convencer, de extorsionar a los que le dan el poder, de acabar de golpe con la esperanza de mejorar y evitar la sombra del autoritarismo al que es tan adicto el expresidente que quiere juntemos dinero para causas que no son las que interesan a México en estos momentos.