A tres meses prácticamente de una decisiva jornada electoral el riesgo era muy grande. El ámpula nacional causada por la designación de Félix como candidato de Morena no era para que le importara solamente y lo “decidieran los guerrerenses”. Al gobierno de López Obrador le ha costado mucho remontar los señalamientos de no atender en su justa medida el tema de la violencia contra las mujeres y no conceder la relevancia de delitos como el feminicidio y su alta incidencia en el país. Pero ahora se enfrentaba a un problema mayúsculo de seguir insistiendo en defender la candidatura de quien, hay que recordarlo, fue una de las figuras clave en su lucha de muchos años para llegar a donde se encuentra.
De todo hizo, hasta lo imposible, porque el tema se diluyera y recurrió a frases como “politiquería”, “linchamiento mediático” y hasta el “ya chole”, en esa aparentemente inexplicable insistencia por mantener a Macedonio. Esto no fue circunstancial. El guerrerense bravo, “toro sin cerca” le dicen, estuvo siempre al lado de AMLO en las jornadas más duras y severas de pasadas elecciones. Félix de suyo ya había perdido contiendas para la gubernatura ante Rubén Figueroa, quien entonces lo apaleó con votos, y con René Juárez, un priista que por escaso margen le aventajó propiciando las consecuentes acusaciones de fraude, apoyado siempre de quien era presidente del PRD en ese tiempo, el mismo López Obrador. ¿De dónde nace el afecto entrañable? Pues para empezar hay que ver lo sucedido en 2018, cuando Félix le acercó a López Obrador en Guerrero nada menos que un millón de votos. De ese tamaño es entonces la amistad y el compromiso entre ambos.
Sin embargo, las acusaciones por delitos de violación (al menos cinco veces), terminaron por apabullar una postulación que, en verdad, nunca debió haberse otorgado. Las manifestaciones contra Salgado Macedonio fueron creciendo por todo el país. No se trataba simplemente de una candidatura más, tal vez de éxito bastante viable por el impacto de su partido. No, se trataba de parar el encumbramiento de un personaje que representa, a juicio de muchos, la antítesis de la lucha contra la violencia dirigida hacia las mujeres. Esto escaló nacional e incluso internacionalmente y no hubo rincón del país que dejara de censurar la designación respaldada abiertamente por el presidente.
Incluso en Jalisco, hace unos días un grupo de mujeres, destacadas en distintos ámbitos como el periodístico y el académico, publicó un manifiesto que empleó la frase hecha eco en todas partes: “ningún violador será gobernador”. Y con similar narrativa apareció una manta alusiva en la fuente de la Minerva, como efecto de una corriente que fue aumentando al grado de que muchos pensaban ya en lo que ese descrédito vendría a causar en las inminentes campañas electorales.
El anticipo fue dado nada menos que por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien como en sus mejores épocas de ministra de la Corte, en senda conferencia el jueves pasado apuntaba con voz enérgica que “ninguna persona con temas de violencia debe ser candidato de ningún partido”. Y así, apenas un día antes de que se “bajara” a Félix, doña Olga pidió a los organismos políticos postular gente idónea y “deconstruir” la cultura machista patriarcal. Claramente la funcionaria enarboló una bandera, concertada con el mandatario por supuesto, para que diera otra identificación a la postura del gobierno federal y que afectaba ya seriamente al mismo presidente y a su partido.
Además, el próximo día 8 de marzo tendrá lugar la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y sin duda habrá marchas y manifestaciones. ¿Se imagina cualquiera lo que hubiera pasado de proseguir con la candidatura? La animosidad habría intensificado el golpeteo con consecuencias inmediatas para las campañas y quizá hasta las propias elecciones. “Romper el pacto” es el lema con el que se busca acabar con el patriarcado y, de seguro, seguirá siendo la base de los señalamientos.
¿Un triunfo de la mujer todo este asunto que propició la caída del Félix? Sí, definitivamente, ya que se advierte con claridad que, por encima de muchos intereses y del sabor rancio que aún persiste en sectores de la sociedad y sobretodo en la política, debe tenerse presente que la paridad llega para quedarse y que las cuestiones de género tendrán que ser manejadas con mayor cuidado y sentido de justicia real en el futuro.
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