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Lunes , 18.03.2019 / 10:11 Hoy

Bambi vs. Godzilla

"El Ángel": crimen y carisma

Maximiliano Torres

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El cine comercial latinoamericano no se pondrá más cool que con El Ángel. Verídica, cínica y endemoniadamente sexy, la cinta de Luis Ortega retrata al asesino más famoso de Argentina, Carlos Robledo Puch, quien desde la primera escena (en una lección de cómo introducir personajes con voz en off) nos explica por qué lo llamaban El Ángel.

A inicio de la década de los setenta, con pocos años y una cara que le hubiera permitido ser estrella, Carlitos descubre que su vocación es robar. En la escuela conoce a Ramón (Chino Darín), el hijo de una familia de delincuentes, que al enterarse del gran potencial del nuevo amigo de su hijo, lo asocian en sus robos. Así inicia el mito criminal al que se le adjudican 11 homicidios y que inspiraría a las mujeres de su generación a pegar la foto de El Ángel en las libretas de la escuela, como la misma Cecilia Roth (quien interpreta a su madre) le confesó al director.

El Ángel llega en medio de una fuerte tradición. En parte, porque las historias de jóvenes criminales abundan. Y todavía más porque Argentina, últimamente, ha exportado thrillers basados en crímenes de la vida real: recordemos las exitosas Acusada, de Gonzalo Tobal y “El Clan”, de Pablo Trapero. Para la obra de Ortega, estos precedentes significan una favorable atención por parte de los fans del género, a la vez que una probabilidad menor de dejar una impresión memorable en ellos. Sorprendentemente, se independiza de sus parientes fílmicos. El guión es audaz al desechar lo que para muchos son placeres indispensables del relato criminal: no hay investigación policiaca, no hay profundización en quiénes fueron las víctimas, no hay descripción minuciosa del modus operandi del homicida. Lo que hay es el mundo visto desde los ojos de un asesino de diecisiete años: paseos en moto, novias, rocanrol, baile y la experiencia de alguien que vive el crimen como ficción estilizada. La música es pegajosa, la percha de Carlitos hará que el espectador quiera comprarse ropa nueva y espero que no solo a mi me haya pasado por la mente seguir en Instagram a todo el elenco. ¿Estamos siendo cómplices de la glamurización de un criminal? No. La genialidad de El Ángel radica en que esquiva la apología haciendo de su tremendo estilo una extensión de la psique del protagonista, no una celebración de su existencia. Para este preciso efecto, la actuación del estupendo Lorenzo Ferro como Carlitos es vital. Con aire de personaje de película de Michael Haneke, este chico sin experiencia actoral previa está a la altura de la complejidad psicológica que exige su papel, manteniéndonos en un rapto de diversión, horror y sensualidad que nunca cae en frivolidad. Por su estética, esta cinta podría remitirnos a maestros del género como Scorsese o Tarantino, pero aspirando a dejar su propia huella, Luis Ortega marca sus escenas con bellas disrupciones: alterando la tensión de una secuencia de robo o trascendiendo una simple escena de sexo con giros inesperados.

Sin el desconcierto que producen los estudios de la mente criminal, El Ángel es una sutil comedia negra que subraya nuestra enferma fascinación por los psicópatas bien parecidos.

twitter.com/amaxnopoder

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