La democracia de internet fundó la carrera en cine de David F. Sandberg. En 2014 hizo un cortometraje sobre una mujer que ve una silueta desconocida cada vez que apaga las luces de su casa. Al ver los millones de reproducciones que consiguió en YouTube, ejecutivos de Hollywood lo reclutaron para expandir esos dos minutos de terror a una película en pantalla grande. El resultado es Cuando las luces se apagan. Viral rara vez es sinónimo de talentoso, siendo Sandberg una notable excepción al demostrar que tiene lo necesario para graduarse de sensación de internet a cineasta con potencial.
Su reto fue trascender el efectismo de su cortometraje (que consistía en el mero shock visual de ver a una criatura acercarse a la protagonista cuando no había luz) y darle consistencia narrativa: origen, personajes, conflicto. La versión dramatizada nos cuenta acerca de una familia marcada por los problemas de salud mental de la madre. Medicada y encerrada en una casa donde la luz es escasa, Sophie (Maria Bello) dice tener la compañía de una mujer llamada Diana, quien sólo se manifiesta en la oscuridad. Rebecca, su hija mayor, intervendrá al saber que la conducta de Sophie está afectando a Martin, su hermano menor, quien pasa noches en vela escuchando a su madre platicar a solas. Rebecca decide llevarse a Martin a su departamento para que pueda dormir tranquilo. Será entonces cuando descubra que Diana los ha seguido hasta su nuevo refugio, haciéndolos pensar si han heredado la enfermedad mental de su madre o si en verdad hay un fantasma que los acecha.
Aunque no es un debut redondo en el que todo embona sin complicaciones, Cuando las luces se apagan es, en gran medida, un esfuerzo interesante dentro de su género.
Con la luz prendida, es un drama doméstico en el que la salud mental es un tema abordado con más sensibilidad y tiempo en pantalla de lo que esperaríamos. No es exacto decir que Maria Bello está sobreactuada, pero es posible que haya trabajado su personaje pensando: “por si algún miembro de la academia del Oscar llega a ver esto, yo mejor me preparo”. En el rol de sus hijos, Teresa Palmer y Gabriel Bateman, también cuentan con más matices que el personaje promedio del cine de horror; con guiños de afecto, drama, ternura y romance. Incluso Alexander DiPersia, el novio de Rebecca, funciona como un observador y comentarista que representa el punto de vista del espectador: cerca del peligro pero a salvo, haciendo comentarios irónicos y diciéndole a la cara a los personajes cuál es su problema en la vida.
El apagador de luz no es un personaje per se, aunque de él depende proveer todas las secuencias de espanto. La fortaleza de aquel corto que le valió a Sandberg su pasaje a Hollywood es un recurso que pareciera insuficiente para rendir hora y media de película. Sorprendentemente, la dinámica de prender y apagar focos es prolongada sin cansar al espectador. Al cruzar la marca del tercer acto, los personajes ya no sólo buscan salvar la vida; también están tratando de ser más astutos que el fantasma que los persigue, volviendo a la cinta, además de drama familiar y leyenda urbana, un divertido juego de astucia.
Básica, breve e ingeniosa, Cuando las luces se apagan es una lección de cómo en internet no toda la inspiración, ni la creatividad son efímeras.
@amaxnopoder