En este país en el que las afinidades particulares se imponen sobre las indignaciones colectivas, se prefiere defender la marca y gritar consignas que revisar contradicciones. La indiferencia con causa quiere justificar la perversidad. Primero la etiqueta, la transformación, su desazón; primero éstos que la realidad.
La crisis más enraizada en México es de derechos humanos. Su dimensión está en las cifras, historias del horror e indiferencia con la que abandonamos el escándalo por más de ochenta y dos mil personas que continúan desaparecidas. No ha importado que el subsecretario de Derechos Humanos insista en que la modificación a la Ley Orgánica de la Fiscalía niega el derecho de toda persona a ser buscada. La voz de propios cae en el mismo espacio sordo que la de colectivos de víctimas, académicos y Naciones Unidas.
La justicia mexicana ha sido tradicionalmente el terreno de lo maniqueo. Su imposibilidad para sostener la verdad a través de la ley establece las rutas para violarla desde nuestras procuradurías y poderes. Son sus métodos y complicidades.
En un país con los niveles de impunidad que cuenta México, la promoción del fiscal Gertz Manero por la verticalidad de las herramientas de justicia se ha convertido en un modo de ocultar su incapacidad.
Gertz resulta un síntoma que expone lo más primitivo que tienen nuestras concepciones de justicia. La ira, el señalamiento que busca un culpable de su propia indolencia. Ejemplo de kakistocracia que no conjuga búsqueda e investigación como un todo para encontrar a quien no está.
La modificación a la ley es el síntoma de Gertz y Gertz es el síntoma del Presidente. Sólo capaces de ver la impunidad con ojos pasados, eluden su parte en la continuidad. Gertz se ha convencido de su verdad sobre la no justicia para convertirse en no administrador del panteón nacional.
Lo que parecen cambios técnicos es la ejecución práctica de una concepción del Estado. Esa concepción confunde la autonomía con distancia del Estado en su conjunto. Disocia tragedias del tiempo y contexto nacional, hace de ellas singularidades que no suman. Un Camargo tras otro.
El relato del mito de la resurrección nacional escrito con pluma de prestidigitadores.
@_Maruan