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Miércoles , 24.04.2019 / 21:39 Hoy

La ciencia por gusto

Una historia escamosa

Martín Bonfil Olivera

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El trabajo de los científicos es muy similar al de los detectives de televisión.

Una reciente noticia es un magnífico ejemplo. Un investigador en Suiza acaba de resolver un viejo enigma: ¿en qué se parecen —evolutivamente hablando— las escamas, las plumas y el pelo?

Ya desde tiempos de Aristóteles se usaban las características físicas de los seres vivos para clasificarlos. Los reptiles tienen escamas; las aves, plumas, y los mamíferos, pelo. Pero a un biólogo evolutivo no le basta con describir y clasificar seres vivos: quiere conocer su historia.

Se sabe que el pelo y las plumas se comienzan a formar durante el desarrollo de los embriones de aves y mamíferos a partir de pequeños engrosamientos de la piel conocidos como "placodas", pero jamás se habían detectado placodas en reptiles. Se creía que pelos y plumas habían evolucionado independientemente de las escamas, cada uno por su lado.

Michel Milinkovitch, de la Universidad de Génova, no estudiaba la relación entre pelo, plumas y escamas. Más bien, trataba de entender los factores genéticos que controlan la formación de escamas en reptiles. Como modelo usaba al llamado "dragón barbado", del que existen mutantes que nacen sin escamas. Al analizar la causa de esto, halló que se debía a una alteración del gen EDA, conocido por ser indispensable para la formación de placodas en aves y mamíferos.

Siguiendo esta pista, Milinkovitch logró descubrir que, pese a jamás haberse observado, también en los embriones de reptiles (cocodrilos del Nilo, dragones barbados y serpientes del maíz) se formaban placodas, y que éstas daban origen a las escamas. El problema es que se forman y desaparecen en cuestión de horas, y en sitios irregulares: para observarlas hay que buscar en el lugar y el momento exacto.

Así, un estudio embriológico acabó resolviendo un enigma evolutivo: indiscutiblemente, reptiles, aves y mamíferos comparten un antepasado común cuyos embriones tenían placodas. Y quizá el hallazgo tenga aplicaciones médicas: el gen EDA está implicado en ciertas alteraciones de la piel humana.

Los científicos son como detectives, pero muchas veces no hallan lo que buscan, sino cosas inesperadas y quizá más interesantes.

mbonfil@unam.mx
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

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