¿Qué significa ser mexicano? O mejor aún, ¿cuándo se es suficientemente mexicano? En principio no hay medida, ni termómetro, pero entre connacionales el nivel es tal que cada 15 de septiembre el día entero se detiene. Tan sólo después de aquella breve pero intensa temporada de fiebre nacionalista durante la Copa Mundial, cuando veíamos la bandera tricolor en todos lados, ayer fue el día más mexicano del año. Esta mañana, bigotes, sombreros y trenzas ruedan como las brasas de una noche de ardor.
En septiembre la conmemoración del Día de la Independencia de México se convierte también en una celebración de la identidad por medio de la indumentaria con los colores de la bandera, blusas bordadas, huipiles, guayaberas, sombreros de charro y otros elementos que asociamos con lo “mexicano”. ¿Pero cómo surge esta devoción patriota? ¿Quién decide cómo se ve lo mexicano? ¿Y por qué solemos usar ropa de la Revolución para celebrar la Independencia?
Esta tradición nacional no surgió con el Grito de Dolores en 1810. Las primeras celebraciones fueron más bien ceremonias cívico-religiosas y, en 1910, el centenario tuvo una fuerte influencia francesa (por eso hoy los desfiles). Fue hasta 1921, después de la Revolución Mexicana, cuando los festejos se convirtieron en verbenas y comenzaron a incorporar bailables con trajes típicos. Dichos trajes regionales fueron impulsados por el proyecto nacionalista de José Vasconcelos a partir de elementos indígenas y culturales de distintas regiones del país. Así, ciertas prendas, personajes y símbolos comenzaron a consolidarse como representaciones de lo mexicano.
Con los años, la celebración también ha construido una idea de mexicanidad más homogénea, al exaltar seleccionados personajes y episodios históricos por encima de la diversidad cultural del país. Y cuando esa representación se repite año tras año, una identidad compleja se convierte en un conjunto de estereotipos: La Adelita, El Charro, el sombrero, el sarape, el bordado, las banderitas en la cara.
Esto también ocurre con la ropa. Durante este mes solemos pensar que una prenda es más “mexicana” que otra. Pero México no tiene una sola manera de vestirse ni una sola identidad cultural. Hay cientos de comunidades, tradiciones textiles y códigos indumentarios que quedan fuera de esa imagen simplificada de la mexicanidad.
Vestirnos de “mexicanos” puede entonces significar orgullo por nuestras raíces, conexión con la cultura indígena, celebración de la diversidad o simplemente una forma de participar en la fiesta. Pero también vale la pena preguntarnos por el origen de aquello que reconocemos como mexicano y cómo detrás de una blusa bordada o un sombrero existe una historia sobre la forma en que hemos construido y representado nuestra idea de lo que significa “ser mexicano”.
Y esa representación también cambia con el tiempo. Los símbolos se transforman, pero la necesidad de reconocernos en ellos sigue. Hoy, incluso una playera de futbol puede convertirse en una forma de expresar nuestra mexicanidad, de fundirnos en el fuego común de sentirnos parte de algo.
Viva México.