Mientras que en países avanzados en seguridad un accidente mortal es motivo de asombro y amplia publicidad, en el nuestro no pasa de un pasajero lamento sin preocupación en la incidencia.
Conductores de tráileres “juegan” carreras en camino sinuoso y de noche, camiones de todo tipo que carecen de carnet de servicio e improvisados conductores que no aprobarían el examen de manejo, son protagonistas de una accidentabilidad cuya tasa por cada cien mil habitantes va de 13.2 en 13.2, 13.5 en los últimos años, esto significa que el promedio de muertes por accidente es superior a los 14 mil, lo cual resulta alarmante, pero solamente refiriéndose a las carreteras.
Si a esas cuantificaciones se le agregan las personas que fallecen por otras causas, entonces estaremos en un caso de problema grave en salud pública… y más grave cuando no hay acciones que pretendan reducir y eliminar el problema.
Cuando se inventó el automóvil que causó una revolución industrial y social, apareció en 1901 el primer accidente mortal: una persona resultó atropellada, lo que hizo que la autoridad no sólo reconociera el peligro sino que actuó a tiempo, estableciendo reglas de conducción, la aparición de agentes de tránsito, supervisores en las carreteras con uso posterior del radar, señalamientos fijos como el semáforo; además nació un organismo que se llamó en español Consejo Nacional de Seguridad .
En México, la Secretaría de Salud ha estado trabajando para abatir ese tipo de casos a través del Secretariado, pero con escasos resultados en la estadística.
Mientras no haya una aplicación rigurosa que implique multa al infractor, seguirá la senda del accidente, que sólo corrige quien ha resultado con lesiones y gastos imprevistos.
La prueba de que es cuestión de actitud ante el temor de la aplicación de la ley, resulta hasta anecdótico ver a mexicanos que al cruzar la frontera norte en vehículo, inmediatamente se ajustan al reglamento de tráfico: se colocan el cinturón de seguridad, bajan a velocidad, no tiran basura por la ventanilla y respetan al peatón que cruza la calle… y hasta saludan cortésmente al policía.
Se trata del mismo mexicano, pero “civilizado” al conocer los riesgos de perder la visa, ahora que está de moda y es noticia.