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Sábado , 23.03.2019 / 09:32 Hoy

La Cueva de la Hidra

La Cara de la Derrota

Margarita Jiménez Urraca

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Al ver el rostro de Javier Duarte, no puedo sino pensar en el joven abogado que algún día fue gobernador de Veracruz, hoy saqueado, y preguntarme en qué momento se quebró su destino para dar paso a la corrupción, a la simulación, vamos a la hibris del poder, enfermedad que lo llevaría a donde está él y Veracruz.

Veo también, la imagen indigna de Roberto Borge, "licenciado en administración de sus empresas", ex gobernador de Quintana Roo, resistiéndose como un adolescente a su captura y traslado, la que no ofreció cuando articulaba la red para sus negocios espurios, y me vuelvo a hacer la misma pregunta, ¿cuál fue su momento de quiebre? ¿cuál la hora en que se sintió omnipotente y dejó de estar comprometido con su estado y sus habitantes, si alguna vez lo estuvo, y pasó a ser un frívolo sin valores?

Paso a la sonrisa seductora de César Duarte, abogado que cautivó a tantos cuando lideraba la Cámara de Diputados o cuando gobernaba Chihuahua, lo que no facilita imaginar en qué mueca pudo convertirse esa expresión, al decidir fugarse. Imagino su mirada hoy insondable, la del poder que transformó al hombre en Leviatán.

Por otro lado, en las fotografías y videos que se han visto de la aprehensión de Tomás Yarrington, abogado, ex gobernador de Tamaulipas, se advierte una cara que comunica la certeza que le llegó su hora.

Pensar en Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora y su hijo, da escalofrío.

Imagino a Rodrigo Medina, abogado, ex gobernador de Nuevo León, siguiendo su proceso judicial en libertad, enfrentado a la exhibición de su abuso de los recursos públicos. Su actuación conmociona ¿Ellos y otros se perdieron en sus mentiras? ¿Cuándo eran niños les enseñaron a mentir? ¿En qué ambiente crecieron? ¿Buscaron revancha a sus derrotas y complejos? ¿Cómo los educaron? ¿Sus madres les hablaron del valor de la verdad, de la integridad, del deber? o ¿Sólo se ocuparon de que tuvieran una buena alimentación y vestido, fueran a buenas escuelas, tuvieran lujitos y otros se hicieran cargo de ellos, más no de su formación con apego a valores? ¿Qué les pasó? ¿Por qué gobernaron ellos y no otras y otros buenos mexicanos? Las respuestas se van acumulando a fuerza del escándalo, la impunidad y la irresponsabilidad de un sistema judicial, antivalores con déficits que no se saldan.

¿Sus hijos cómo los ven ahora, siguen siendo sus héroes? ¿Ese fue su legado?

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