Casi tan populares y, tal vez, más sabrosos que las enchiladas potosinas son, por aquellos rumbos, los tacos rojos, un delicioso platillo que se sirve con queso, zanahorias, papas y mucho aceite, particularmente, en el barrio de “Tequis”, en el centro de San Luis Potosí, donde doña Juanita y su anafre despachan no menos de mil cada noche, a mano y de uno en uno.
De por aquellos rumbos es también el nieto de Salvador Nava, aunque le haya tocado nacer en la Ciudad de México y es que, como él mismo asegura, “los potosinos nacen donde se les pega la gana”.
Conocí a Xavier Nava en Ciudad Juárez, en medio de la campaña de su amigo y tocayo Javier Corral, cuando convocamos a una gran alianza opositora a la que concurrieron tirios y troyanos, desde Manuel Espino, hasta Acosta Naranjo, pasando por Elenita Poniatowska y Porfirio Muñoz Ledo, que aunque físicamente no acudieron, apoyaron la iniciativa de manera virtual con sendos mensajes muy sentidos a favor de la candidatura del chihuahuense.
Ahí estaban también Amalia García, Lenin Pérez, entre muchos otros; después se sumaron Denise Dresser y otras personalidades del mundo intelectual, de la izquierda y de la derecha.
Fue la ocasión para hacer sobremesa con el nieto de Nava y con Manuel Ovalle, que era el coordinador de estrategia de la campaña corralista y una especie de cuña que me había implantado el candidato para complicar mi, ya de por sí complicada, tarea como consultor y estratega general.
Fue el mismo Manuel Ovalle, ahora mi amigo, a quien se le acusa de ser el primer mentor de su paisano queretano Ricardo Anaya y, como atenuante, el primero a quien éste traicionó en su larga, ambiciosa, meteórica y fallida carrera por la presidencia de la República, quien acompañara a Nava a mi despacho de la Ciudad de México para contarme su interés de participar como candidato a la alcaldía de San Luis Potosí, de donde había resultado electo como diputado federal.
Ahí también me contó la tenebrosa historia de los Gallardo, un grupo que se había apropiado no sólo de los gobiernos de la capital y el conurbado municipio de Soledad sino de todo lo que se les pusiera enfrente.
Me mostraron reportajes nacionales e internacionales donde Loret de Mola y otros periodistas famosos, paradójicamente, daban cuenta de la mala fama de estos sujetos, el papá, alcalde de San Luis y el hijo, del municipio vecino.
Es incontable la lista de abusos y fechorías que los medios han difundido sobre esta pandilla, por decir lo menos, por lo que en vez de puntualizar sobre ello, recomiendo poner a trabajar el buscador de su elección, con las palabras “Gallardo y SLP” y el lector comprenderá la dimensión de lo que estamos hablando.
Tanto Xavier como esta gente habían llegado a sus cargos de elección popular bajo las siglas del PRD y se habrían de enfrentar meses después, Xavier por el PAN y los politicastros de marras por el PRD, aunque en lo nacional, Ricardo Anaya no mostró rubor al aliarse con ellos y cederles una de las candidaturas al senado.
Lo que habría de resultar ante semejante y complicado escenario, será materia de mi siguiente y última entrega dedicada a la tierra del queso de tuna.
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