El PAN es hoy la única alternativa real frente al lopezobradorismo. Sin embargo con su dirigencia actual es apenas una caricatura, casi del tamaño de la intentona opositora que emprendió Javier Corral con un grupo de desplazados políticos y que le mereció las burlas del presidente, quien les espetó en su cara “ternuritas”, para luego pasar de ellos.
En vez de ternura, la dirigencia del PAN causa pena ajena. Se trata de un grupo muy limitado en sus alcances e ideas, al grado de salir a festejar un supuesto repunte electoral cuando a la vista de todos perdieron este año dos importantes gubernaturas, y ya antes habían perdido Monterrey y el estado de Veracruz; están a punto de perder Chihuahua, Durango y Quintana Roo, y cada vez son menos las ciudades importantes que gobiernan.
Muchos culpan a Gustavo Madero de ser quien engendró a esta nueva clase panista, reconocida por su ambición y carencia de oficio político.
Y fue también Madero una de sus primeras víctimas, pues no soportan la sombra proveniente del árbol de la experiencia.
Este peculiar grupillo se caracteriza por asegurar su quincena en el partido, las cámaras o los comités estatales por encima de la trascendencia como país y como instituto político.
El año pasado se aliaron con una decena de gobernadores para repartirse lo poco que quedaba del partido y las posiciones en las cámaras; sin embargo, se han ido diezmando por las derrotas electorales y hasta por alguna voluntad suprema que decidió llevarse a quien los articulaba, el poblano Rafael Moreno Valle, a cambio de liderarlos en el Senado.
Ante la ausencia de este controvertido personaje, lo obvio era ponderar la trayectoria, la capacidad y la experiencia del propio Gustavo Madero, pero la “chaparrez” optó por alguien de su tamaño y puso de líder a un senador que ni siquiera es miembro del partido, antes que reivindicar a quien los llevó hasta donde están ahora.
La chiquillada panista encumbrada debería reflexionar y corregir primero su rumbo para después ayudar a corregir el del país.
Gustavo Madero es pieza clave ante esta carencia de figuras y liderazgos, de experiencia y sensatez, pero también de arrojo, carisma y creatividad política.
Sin duda, hay mucho que reprocharle y tal vez perdonarle por haber creado no a un Frankestein sino más bien algo parecido a un Chucky.
Madero es la clave, se la ha visto muy activo, con energía y grandilocuencia, sin reservas y sin pelos en la lengua, controvirtiendo al poder, con datos, con ideas, con valor. Tiene luz propia y no necesita de Javier Corral, ni de ningún otro bule para nadar y espero que así lo entienda.
En esta larga noche, se enciende una pequeña luz para reorganizar al PAN y a lo que queda de la oposición en México, incluyendo a los Calderón, a los buenos priistas, que los hay, a los naranjas, a los rosas y a todos los que quieran retomar el camino de las instituciones y la democracia, renunciando a todo aquello que fuera la causa de que ahora nos gobiernen a mano alzada.
Y es que para que la cuña apriete ha de ser del mismo... Madero.