Coahuila es digno de dedicarle una segunda columna en esta breve parada narrativa rumbo a 2021, ya que dentro de cuatro meses, ahí se elegirán diputados locales, así como alcaldes y diputados federales el año próximo y gobernador en 2023.
Como he dicho ya, ahí solía ganar el PRI y cuando no, arrebatar, como en el pasado proceso de 2017 en que Ricardo Anaya salió en los noticieros nacionales a presumir su “triunfo” en Nayarit y Coahuila, mientras que en el Estado de México el grupo Atlacomulco había desbancado al PAN del primero al cuarto lugar, proeza que sólo podría lograr alguien como Josefina Vázquez Mota, quien parece que nació con una tremenda L en la frente, aunque aun así la premiaron con un escaño en el Senado.
Esa fatídica noche de verano, los coahuilenses se fueron a dormir con el Jesús en la boca y con el nombre de Guillermo Anaya encabezando el PREP, el cual, sin embargo, amaneció con Miguel Riquelme, el alcalde priísta con licencia de Torreón, al frente; como por arte de magia le dio la vuelta a las preferencias en el intrincado mundo cibernético y gracias a una ligera caída del sistema, de ésas que inaugurara el ahora poderoso empresario inmobiliario y encumbrado líder morenista Manuel Bartlett y que a los hermanos Moreira no le son ajenas.
De esta manera, y después de una desairada protesta contra el supuesto fraude, Guillermo Anaya tuvo que resignarse a ser derrotado por segunda ocasión consecutiva como candidato a gobernador y un año después, ya sin fraude, a senador, volviendo a perder ante un moribundo PRI, que fuera avasallado a nivel nacional por Morena, cuando no, por el PAN o Movimiento Ciudadano en alguna que otra plaza, aunque usted...no lo crea.
Ahora que ni los apostadores profesionales ni los que se juegan la suerte en cualquier cantina o pulquería de medio pelo se atreverían a arriesgarse pronosticando la continuidad del PRI en aquel estado, paradójicamente, las posibilidades de éste, de hacerse de la mayoría en el congreso local, son amplias, aunque las de Morena también, no así las del PAN.
La apuesta del PRI-Gobierno consiste en hacer que el proceso electoral pase desapercibido para los electores, de manera que con unos cuantos burócratas y beneficiarios de programas sociales, más algunos votos comprados, que logre sacar, asegure su triunfo.
Morena, en cambio, apuesta a que la inercia y el espectro lopezobradorista sean suficientes para que aun postulando a doña Cuca o a quien en ese momento vaya pasando, asegurar la mayoría en el congreso sin despeinarse.
En cuanto al PAN, muy al estilo de su líder estatal, otro perdedor empedernido, vividor de las pluris y oportunista consumado, un tal Chuy de León, cuyo apellido en alguna ocasión le encendió el foco para utilizarlo bajo el siguiente estúpido lema de campaña por la frustrada alcaldía de Torreón: “Ya rugiste, León”. No, bueno.
Es por eso que al PAN Coahuila no le queda más, dijera Selena, que nadar de muertito y asegurar si acaso una pluri para don Memo Anaya. Así que, parafraseando a su eminencia, “Huele a León”, o más bien, apesta.
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