Sociedad

Chúntaro Style

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Chúntaro Style
  • Marco Sifuentes

Si algo me queda claro es que, en materia electoral, Coahuila se cuece aparte. Se trata de un estado que lo tiene todo, excepto mar y Democracia, con mayúscula.

Industrioso, minero, agrícola, ganadero, tecnológico, con una gran extensión territorial y una posición estratégica, fronterizo, vecino del poderoso Nuevo Léon y del gigantesco Chihuahua. Con ciudades tan importantes como Saltillo, Torreón y Monclova. Con sierra, desierto y llanura.

Todo tiene, universidades, públicas y privadas, las mejores; grandes consorcios como Lala, Soriana, Grupo Industrial Saltillo y Altos Hornos de México; hospitales de primer mundo como el Muguerza en Saltillo y el Español en Torreón; equipos de fútbol y béisbol tan buenos como el Santos y los Saraperos.

El mar no lo tendrá jamás, la alternancia quién sabe.

Paradójicamente, Coahuila ha sido pionero en materia electoral al ser el primero a nivel nacional en tres temas muy importes: la urna electrónica, las campañas cortas, que llegaron a ser hasta de 10 días en ciertos municipios, y la ampliación del periodo de gobierno de los ediles de tres a cuatro años, que luego se derogó y posteriormente dio lugar a la reelección de éstos en todo el país, así como de legisladores locales y federales.

Aunque ya había padecido periodos tan oscuros e infernales como el sexenio del Diablo de las Fuentes, a quien la oposición le quemó algunos edificios públicos por su autoritarismo y afición al fraude electoral; aun cuando uno de sus más “respetados” y “”respetables”” gobernadores, el doctor Rogelio Montemayor terminó embrazaletado en Texas para que no evadiera la justicia, acusado de desviar la pírrica cantidad de mil millones de pesos a la campaña de Labastida, dese el otrora millonario Pemex, del cual fue director en el zedillismo. No, lo peor comenzó a escribirse en las páginas de Coahuila cuando sus habitantes cayeron seducidos al ritmo del Chúntaro Style por un profesor de primaria cuya única gracia era huarachar en sus mítines convertidos en jocosos bailongos, con las lideresas de las empolvadas periferias urbanas de ese árido estado, mostrando el flow y sacando el fua, lo que lo llevó de inmediato a la gubernatura, que luego le heredó a su hermano, junto con una multimillonaria deuda y la mitad de su equipo en la cárcel, como siempre, gracias a la intervención de Estados Unidos. Él mismo apareció en televisión gimoteando y lloriqueando cuando un juez español ordenó su detención después de haber sido líder nacional del PRI, para después dejarlo ir y volver a balbucear y lloriquear proclamando su inocencia.

Por cierto, todos sabemos que hoy a Sergio Aguayo, en este mundo al revés, un juez del lado oscuro de la fuerza, o sea, mexicano, le ha ordenado pagar 10 millones de pesos por daño moral contra quien no conoce ni esa palabra ni su significado, o de lo contrario, que se le embarguen bienes suficientes para garantizar su pago. Siendo así, anóteme otros 10 millones a mí, señor secretario, dijera Tres Patines, porque ese Moreira de que es un pillo... (Continuará) Ánimo, Ilse. Sigue fuerte.


marcosifuentes@mkf,com 

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