Ignacio Peralta, mejor conocido como “Nacho”, está por cumplir 50 años de edad y gobierna Colima desde 2016, luego de derrotar en una elección extraordinaria al panista Jorge Luis Preciado.
Nacho Peralta es lo que se conoce como un “tecnócrata”, economista por el ITAM y con estudios de postgrado en Inglaterra y algunos cursos en Estados Unidos; fue secretario de fomento económico en aquella entidad, alcalde de la capital colimense y subsecretario en Comunicaciones y Transportes del gobierno federal en la administración de su amigo Enrique Peña Nieto.
La elección ordinaria a gobernador de Colima en 2015 fue impugnada luego de que se revirtiera el resultado a favor del PAN en medio de una crisis postelectoral. Cerca de 150 votos fueron la diferencia final después del cómputo y el recuento, en las instalaciones de un Instituto Estatal Electoral integrado por funcionarios a modo del PRI y subordinado a éste y al gobernador en turno.
Quién no recuerda a la presidenta de dicho instituto en entrevista telefónica con López Dóriga en su programa matutino de radio, dándole el triunfo al panista Preciado y cinco minutos más tarde reculando en otra llamada para decir que había ganado Nacho, el priísta.
Vino la impugnación blanquiazul y seis meses después, el magistrado ponente, en un hecho sin precedentes, publicó en la página oficial del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación su proyecto de sentencia en donde negaba la razón al PAN por no haber podido probar los hechos que sustentaban su inconformidad, apenas unos días antes de que se llevara a cabo la sesión donde se discutiría el proyecto y el pleno de ese tribunal dictaría su sentencia definitiva.
Preciado, que además de político es abogado y que ya había “tumbado” años antes una elección en ese mismo estado a través de un juicio en el tribunal electoral, tuvo una extraordinaria idea: aprovechar la mayoría panista ganada en el congreso el mismo día que le robaron la elección y citar a comparecer a quien fungía como secretario de desarrollo social del estado y que ante los diputados reconoció con desvergüenza y cierta ingenuidad que él y el gobernador habían “dado línea” para que los beneficiarios de los programas sociales votaran por el candidato priísta, cosa que no le parecía fuera de lugar ya que “todo mundo lo hace”, según él.
“A confesión de parte, relevo de pruebas”.
El PAN presentó dicho testimonio como una prueba superviviente en el juicio que ya había agotado todas sus etapas y el juzgador federal se vio obligado a aceptar esta nueva evidencia y en la sesión de pleno sus compañeros le enmendaron la plana al magistrado ponente y ordenaron como sentencia una nueva elección, dejando en el congreso local la tarea de nombrar un gobernador sustituto y definir la fecha del proceso extraordinario, que por su parte el legislativo determinó para el mes de enero de 2016, dejando a salvo los derechos de Nacho de volver a contender, ya que, según concluyó el tribunal, aunque se benefició con la intervención del gobierno a su favor en el proceso electoral, él no fue el responsable directo de tal acción.
(El próximo lunes les sigo contando. Hasta entonces).