La pobreza franciscana que invoca ya el presidente López Obrador como parte del recorte presupuestal que tiene contemplado llevar a efecto en el presente año y en el 2023, se debe de manera principal a que se gastó el dinero en la edificación de las obras suntuarias que ha ejecutado en diversas partes del país, y que rebasaron todas las expectativas de lo que tenía contemplado de inversión en ellas.
Y es que el problema principal se debió al excesivo gasto corriente que destinó el propio mandatario, tanto en la refinería Dos Bocas, como en el llamado Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y también en las del Tren Maya, las que anunció en su toma de protesta como las obras insignia de su administración que inició el 1 de diciembre de 2018.
Sin embargo, debido a que el costo por la edificación de la refinería de Tabasco se multiplicó y que solo contemplaba en su primera etapa 8 mil millones de dólares, el gasto de ejecución así como su aparente puesta en marcha se fue arriba de los 12 mil millones de la divisa estadounidense.
Todo lo referido más la “ayuda” a adultos mayores de 65 años y a los jóvenes que reciben una beca por su trabajo, el que incluso desarrollan hasta en empresas particulares, han llevado al caos económico al país, por lo que el Jefe del Ejecutivo federal ha preferido echar reversa antes de que se acabe la liquidez en las finanzas públicas.
Por ello, ayer por la tarde, el tabasqueño reunió en Palacio Nacional a los integrantes de su gabinete, quienes por cierto, no se apegaron a la medida que adoptaría AMLO para ejecutarse al momento, ya que la mayoría de los integrantes de su equipo más cercano, llegaron en los alrededores del inmueble ubicado en el primer cuadro de la Ciudad de México, con camionetas blindadas, escoltas que les proporciona la Guardia Nacional, así como algunos elementos de la Marina y el Ejército Mexicano.
Y es que no obstante la llamada Austeridad Republicana a la que tanto se refirió el presidente de la República, la realidad es otra y en ningún momento se notó que ese mandato que el mismo anunció al inicio de su gobierno, fue un dicho demagógico más a los que está acostumbrado repetir hasta la saciedad, sin aparentes consecuencias.
Aunado a todo lo esgrimido, el propio tabasqueño ya hizo cuentas de lo gastado en las tres referidas obras, así como el de las elecciones del presente año celebradas en seis entidades de la República, así como el acarreo y el pago a líderes por el referéndum y ratificación, para que permaneciera en la Presidencia del país hasta el 2024, como lo mandata nuestra Constitución.
Y como dicen los economistas, no hay dinero que alcance a tanto gasto, muchas veces oneroso o destinado en obras que en el mediano plazo, no arroja ningún beneficio económico, es decir, gasto tirado a la basura.
Aunque parezca mentira, de Ripley, el presidente López Obrador ya tuvo “un llamado de atención” de su secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, de que el gasto corriente se agotaría hasta antes de concluir el presente año, debido a su utilización constante
El conflicto que viene arrastrándose en la parte financiera desde la primera ejecución del aeropuerto de Santa Lucía, se salió de contexto, debido a que no fueron contemplados otros gastos que se complicaron conforme la obra estuvo en desarrollo.
Lo mismo aconteció con las edificaciones que se desarrollan en Quintana Roo y Yucatán, con respecto al Tren Maya, por los cambios constantes de rutas, así como el nuevo replanteamiento de otros caminos para completar las ocho terminales de dicho sistema ferroviario y elevaron el costo a más del 50 por ciento de lo que se presupuestó de forma original.
De ahí que ahora López Obrador pretenda frenar en un buen porcentaje, los altos costos de cada una de las obras referidas, ya que por desconocimiento o bien por la situación económica que enfrentamos en el mundo globalizado, ha originado que el gasto planteado de forma original, no alcanzó siquiera como para concluir la primera fase de las multicitadas obra.
Para infortunio de los mexicanos, de manera principal de los que dependen de forma constante de los servicios de salud pública, muchos de ellos no han recibido ningún beneficio, precisamente, porque el presidente prefirió recortar presupuestos en esos programas antes que echar para atrás sus obras suntuarias.
Lo que sí podemos adelantar es que el país permanecerá inamovible en el crecimiento del PIB para este 2022 y el siguiente, porque los recortes presupuestales ejecutados por el propio mandatario, se hicieron para saciar su alter ego, así como sus reiteradas demagogias que sólo han causado mayor controversia entre los diversos sectores de la sociedad.
En fin. Los anuncios que reitera de manera pública López Obrador, serán sustraídos del mismo esquema político y económico que delineó desde hace más de 12 años, luego de ser Jefe de Gobierno de Ciudad de México y encauzar su fuerza y su gente, a otros rubros de menor cuantía.
El horno no está para bollos y por eso la preocupación del presidente de México se hizo más evidente en los últimos días, toda vez que ya no alcanza como para otorgarle ayuda permanente a los adultos mayores y los jóvenes que han visto en este gobierno, una forma fácil de allegarse de fondos públicos para solventar la grave crisis económica y financiera que enfrentamos muchos millones de mexicanos.
Qué Dios nos agarre confesados ante lo dañado que permanecen las ayudas a la clase media, para reactivar sus negocios a través de las Pymes que quiera o no el presidente López Obrador, han sido bastión definitorio en el desarrollo socioeconómico de la clase media mexicana. Y eso se le olvidó en su gobierno al mandatario. Muy lamentable.
Marco Antonio García Granados