Está sucediendo algo inusual en el mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados históricamente entre los instrumentos de inversión más seguros y apreciados del mundo. Actualmente existen dos fuerzas que están influyendo sobre sus rendimientos y que pueden determinar el comportamiento de las tasas de interés durante los próximos meses.
Me referiré a los bonos con vencimiento a 10 años, quizá los más representativos del mercado, ya que sus rendimientos sirven como referencia para determinar las tasas hipotecarias en Estados Unidos y constituyen una parte importante de las reservas de numerosos bancos centrales. China, por ejemplo, ha sido históricamente uno de los principales tenedores de estos instrumentos.
En los últimos meses, los rendimientos de estos bonos han enfrentado presiones al alza debido, principalmente, a que la inflación estadunidense continúa mostrando resistencia a disminuir. A ello se suma la incertidumbre provocada por los conflictos en Medio Oriente y su impacto sobre los precios del petróleo, un factor que puede generar nuevas presiones inflacionarias.
Pero existe otro elemento que considero importante y que pocas veces habíamos observado con semejante magnitud: la creciente competencia entre el gobierno estadunidense y las grandes empresas tecnológicas por captar recursos de los inversionistas.
Tradicionalmente, las principales compañías tecnológicas habían sido capaces de financiar buena parte de su crecimiento mediante sus propios recursos. Sin embargo, el desarrollo de la inteligencia artificial está cambiando esta situación. La construcción de centros de datos y la infraestructura necesaria para sostener esta revolución tecnológica exige inversiones multimillonarias.
Se estima que las grandes empresas tecnológicas colocarán alrededor de 300 mil millones de dólares en deuda durante este año, una cantidad considerable que representa una nueva fuente de competencia para los bonos gubernamentales.
Esta situación tiene una consecuencia relativamente sencilla: cuando aumenta la oferta de instrumentos de deuda que buscan atraer el mismo capital, los emisores pueden verse obligados a ofrecer mayores rendimientos para resultar competitivos.
Sin embargo, también estamos observando el fenómeno contrario. En momentos de incertidumbre económica y geopolítica, numerosos inversionistas buscan refugio en los bonos del Tesoro estadunidense, aumentando su demanda y elevando sus precios. Como sabemos, cuando sube el precio de un bono, su rendimiento disminuye.
Por tanto, tenemos dos fuerzas encontradas: por un lado, la inflación y las crecientes necesidades de financiamiento presionan las tasas al alza; por el otro, la búsqueda de seguridad por parte de los inversionistas favorece su disminución.
¿Cuál de estas tendencias terminará imponiéndose?
En mi opinión, los rendimientos pueden experimentar nuevos repuntes. Considero que la inflación seguirá siendo uno de los principales problemas de la economía estadunidense y que la Reserva Federal puede verse obligada a mantener una política monetaria restrictiva e incluso elevar de nuevo sus tasas antes de finalizar el año.
El tiempo nos dirá cuál de estas fuerzas termina predominando.