Política

Un mundo que acepta demasiado

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Hay discursos que, aun pronunciados desde lugares distintos, terminan retratando con precisión el mundo en que vivimos. El de Bernie Sanders, el lunes en Nueva York, y el de Donald Trump, el martes ante la Asamblea General de Naciones Unidas, difícilmente podrían ser más diferentes.

Sanders habló de una realidad incómoda: Estados Unidos gasta más de un billón de dólares al año en asuntos militares, mientras cerca de 800 mil estadounidenses carecen de hogar, 85 millones no tienen seguro médico o lo tienen insuficiente y millones no pueden cubrir las necesidades básicas. Denunció además una concentración de riqueza en la que el 1% posee más que el 94% inferior y advirtió que la democracia está retrocediendo frente al poder de una oligarquía económica.

Pero Sanders no se quedó en la desigualdad interna. Condenó la guerra contra Irán, cuestionó al gobierno de Netanyahu, denunció la devastación de Gaza y reclamó que Estados Unidos termine la ayuda militar al gobierno israelí. Su argumento es sencillo: un mundo que encuentra recursos prácticamente ilimitados para las armas, pero escasos para alimentar, curar y proteger a sus ciudadanos, está tomando una decisión política sobre cuáles vidas importan.

¡Qué gran producto cultural nos entregó la Orquesta Sinfónica del Estado de Hidalgo (OSEH) con el concierto “José José Sinfónico, Homenaje al Príncipe de la Canción”!

Hace tiempo que no veía algo tan bien hecho, viniendo de la Administración Pública en general. Todo bien, salvo por un pequeño detalle: con sus palabras, la secretaria de Cultura, Neyda Naranjo, dio todo el crédito al gobernador. Decir que gracias al gobernador los hidalguenses podemos disfrutar de un evento cultural de esta manufactura mancha la impecable interpretación de los músicos, porque equivale al “ya cayó el dinerito (...) que les manda la presidenta”, del ilustre Mario Delgado. ¿A poco Menchaca sacó de su bolsa para financiar el concierto? A nuestros funcionarios se les olvida que ellos solamente administran la

Al día siguiente, Trump subió al mismo escenario y ofreció prácticamente la antítesis. Habló de la fuerza estadounidense, reivindicó sus acciones militares y amenazó con “aniquilar” a Irán si no acepta sus condiciones. Llamó a Cuba un “Estado fallido” y afirmó que “caerá”.

Ahí aparece la pregunta que en verdad importa: ¿por qué el mundo permite esto?

No se trata solamente de miedo. Estados Unidos posee una capacidad militar, financiera, tecnológica y diplomática extraordinaria. Pero también existe una dependencia construida durante décadas: mercados, cadenas de suministro, instituciones financieras, alianzas militares y una arquitectura internacional en la que Washington conserva una influencia desproporcionada.

El problema es que esa realidad está empezando a cambiar.

Europa comienza a construir márgenes de autonomía y varios gobiernos europeos adoptan posiciones más firmes frente a las acciones israelíes en Gaza y Cisjordania. Al mismo tiempo, los BRICS avanzan como espacio de coordinación del llamado Sur Global y buscan ampliar sus instrumentos económicos y políticos.

No significa que esté naciendo un mundo perfecto. Ni que los BRICS sean una alternativa moralmente impecable, ni que Europa haya roto con Washington. Significa algo más elemental: la multipolaridad puede convertirse también en una herramienta para recuperar capacidad de decisión.

Ésta es la gran contradicción de nuestro tiempo: tenemos más riqueza que nunca y, simultáneamente, millones de personas sin vivienda, sin atención médica y sin posibilidades de vivir dignamente. Tenemos recursos para fabricar armas capaces de destruir ciudades enteras, pero seguimos discutiendo si existe dinero suficiente para garantizar derechos elementales.

Y mientras tanto, una parte del poder político prefiere promover la ignorancia, alimentar temores fatuos y hacerle creer al ciudadano que su problema es el migrante, el extranjero, el país vecino, el comunista, el musulmán o quien piensa diferente.

Sanders tiene razón en algo fundamental: dividir a los de abajo es una vieja fórmula para que los de arriba no tengan que explicar su riqueza.

Tal vez el verdadero desafío de este siglo no sea decidir qué país dominará al mundo, sino impedir que cualquier país, cualquier gobierno o cualquier grupo de multimillonarios crea que tiene derecho a hacerlo.

La ONU, al menos en teoría, nació precisamente de esa lección.

El problema es que todavía no hemos aprendido lo suficiente.



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Manuel Aranda
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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