Cultura

Las palabras también golpean

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Una mañana cualquiera, alguien llega al trabajo y saluda. La respuesta es un gesto de fastidio pronunciado frente a los demás. Más tarde, en casa, una discusión termina con palabras agresivas. En redes sociales, alguien se burla de la opinión de otra persona y recibe decenas de reacciones. La vida continúa, como si nada hubiera pasado. Pero algo sí pasó.

La violencia verbal habita en esos pequeños episodios cotidianos que tantas veces justificamos en la vida con frases como… “así nos llevamos” o “no aguantas nada”. Hemos aprendido a confundir la confianza con la ofensa, la sinceridad con la humillación y el carácter fuerte con la capacidad de lastimar.

¿En qué momento dejamos de reconocer el daño que puede provocar una palabra? ¿Cuántas veces hemos participado en esa violencia sin siquiera darnos cuenta?

El psicólogo Albert Bandura, mediante su teoría del aprendizaje social, explicó que las personas aprendemos conductas al observar e imitar a quienes nos rodean. Su investigación sobre la agresión mostró que la violencia también puede aprenderse como una forma de relacionarse. Cuando insultar, ridiculizar o gritar se convierte en una conducta habitual, corremos el riesgo de transmitirla de una generación a otra.

Las consecuencias no son imaginarias. Un estudio publicado en 2020 por Lindsey S. Aloia y Andrew C. High, realizado con estudiantes encontró consecuencias negativas de la agresión verbal en el bienestar personal y las relaciones. También observó que el apoyo emocional podía amortiguar parte de esos efectos.

No se trata de dejar de expresar desacuerdos ni de callar lo que pensamos. Se trata de aprender a hacerlo sin destruir al otro. El lenguaje empático nos permite reconocer los sentimientos ajenos; el asertivo nos ayuda a expresar límites, necesidades e inconformidades con claridad y respeto. Podemos decir no estoy de acuerdo contigo -sin descalificar-, o me lastima la forma en que me hablas -sin recurrir a la misma agresión-.

Cambiar nuestra manera de hablar no resolverá todos los conflictos del mundo, pero sí puede transformar el espacio que compartimos con los demás. Las palabras tienen poder: pueden cerrar puertas, sembrar miedo y dejar heridas invisibles. Pero también pueden ofrecer consuelo, despertar confianza y devolverle a alguien la esperanza. Cada conversación nos brinda una oportunidad para elegir qué queremos dejar en los demás. Porque hablar es inevitable; lastimar no debería serlo.


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Magda Bárcenas Castro
  • Magda Bárcenas Castro
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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