Se llegó el día en el que llegan los Reyes Magos, con el cual se puede decir que se terminan las fiestas decembrinas.
La historia de estos tres reyes es muy interesante, pero en nuestros tiempos, si esos personajes bíblicos fueran realmente magos, los niños no solamente de La Laguna, del territorio nacional y de todo el mundo, podrían recibir esos juguetes que les pidieron en sus cartitas.
Que más se quisiera de que los niños que viven en pobreza extrema, que pese al sacrificio de sus padres simplemente tienen que sobrevivir con lo poco que ganan.
Es algo que debe de preocuparnos, ya que cuantas ocasiones vemos como niños y jovencitos acuden con sus padres a algún restaurante, o un convivio, una fiesta familiar y tras recibir alimentos, simplemente les hacen el “fuchi”, dicen que no les gustan y esa comida ya no se utiliza y termina en la basura, mientras que pequeños y algunos muchachitos de los sectores más vulnerables, de esos que viven dentro de la pobreza extrema, no tienen las posibilidades de acceder a alimentos de calidad.
Las familias pobres les dan a sus hijos lo que pueden, pero difícilmente les ofrecen frutas, verduras, carne, pescado o pollo, así como muchos alimentos que son necesarios en su dieta diaria.
Otros niños disfrutan de los juguetes que los Reyes Magos con posibilidades les traen y por lo cual se divierten con legos, carros eléctricos, muñecas, casitas con cocina y muchos más.
Mientras que en el norte del país no es muy socorrido el día de los Reyes Magos, en el sur, no se diga en la Ciudad de México, la llegada de estos hombres con sus coronas es bien recibida y muchos padres de familia, hacen el sacrificio y durante la noche del día 5 de enero para amanecer el 6, salen a los diferentes mercados, en la capital del país a La Alameda y hasta a algunos centros comerciales que abren sus puertas a quienes buscan juguetes de cualquier tipo.
Muchos niños se acuestan a dormir con la esperanza de ver en la mañana del 6 de enero los regalos que pidieron, mientras que otros pequeños, saben que difícilmente podrán recibir un regalo.
Hay asociaciones, también familias y muchas personas que realizan una labor de beneficio y consiguen juguetes, los cuales reparten a los que no tienen, mismos que son insuficientes.
Ojalá que el espíritu navideño continúe y muchos laguneros den un regalo a los niños indígenas que están en las calles o a algún vecino que no cuenta con recursos para regalar un juguete a sus hijos.
Ojalá que se hiciera el milagro y los reyes fueran magos.
Walter.juarez@milenio.com