Los líderes poseen una "diferencia" que les permite destacarse del resto de las personas e influir sobre ellas.
Pero a los ojos de los demás esta diferencia puede ser vista como carisma... o como estigma.
El término "carisma" se refiere al don que tienen algunas personas de atraer o seducir a otras.
Esta cualidad les confiere superioridad sobre el resto de los integrantes de una comunidad y les facilita el ejercicio de la influencia.
La palabra "estigma" (que etimológicamente significa "tatuar") tiene sus orígenes en las marcas que se les imprimían en la antigüedad a los esclavos, traidores y malhechores.
El estigma era una señal de infamia -o de deshonra- que provocaba el menosprecio de los portadores.
En nuestra sociedad, también existen estigmas y se "marca" a las personas diferentes: por ejemplo, a quien tiene deformaciones físicas, defectos de carácter, o pertenece a determinada raza, nacionalidad, o religión.
También se señaliza a aquella persona excéntrica, rara, o rebelde frente a las reglas.
Todo aquel que, por decirlo de alguna manera, es demasiado "diferente" al resto, resulta estigmatizado.
El estigma es considerado un contra valor porque significa el rechazo del grupo: quien lo lleva, es visto como "marginal".
Podríamos pensar en el estigma como la contraparte del carisma: la persona es considerada "diferente", pero de un modo negativo.
Sin embargo, el carisma y el estigma no son tan opuestos: los rasgos carismáticos son muy cercanos a los estigmáticos. Cuando alguien se distingue de los demás, lo "notable" puede ser fuente de atracción... o de rechazo.
Y si se llevan al límite algunas particularidades, un comportamiento positivo se puede volver negativo.
Por ejemplo, la humildad que es un atributo importante para un líder y puede ser una fuente de carisma, limita con la inseguridad que es un atributo de descrédito.
Así podríamos pensar en otros pares semejantes: hablar-verborrea, disciplina-rigidez, originalidad-ridiculez, persuasión-demagogia.
Esta figura carismática, del líder, caudillo que en una cultura dependiente puede funcionar, resulta desfavorable en la cultura interdependiente. Así, el paternalismo pasa de ser un atributo de carisma, a uno de estigma.
En los modelos organizacionales actuales, los líderes solitarios o paternalistas deben encontrar el equilibrio justo, pues con el tiempo, el carisma se puede transformar en estigma.
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