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Viernes , 26.04.2019 / 11:13 Hoy

Catarata

México, el bien portado

Luis Petersen Farah

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Donald Trump necesita una pared a quien hablarle para que el eco llene un silencio que a pesar de todo no ha logrado contrarrestar: el silencio de los temas que necesita para su cada vez más próxima campaña.

Esa pared es su muro fronterizo, visitado ayer. Y su tema, el debate migratorio visto como seguridad nacional.

“México ha sido realmente increíble en los últimos días”, insistió ayer Trump antes de viajar a Calexico. “Así no hace falta cerrar la frontera. Están deteniendo a todo mundo. Si seguimos así todo estará bien. Mil 400 personas el otro día, mil el día anterior y si eso sigue, y si ellos detienen a esa gente en su frontera sur... con eso podemos trabajar”.

México, el bien portado. De repente tenemos estrellitas en la frente, preguntándonos por qué. ¿Qué hicimos para que se acabara, y hay que ver por cuánto tiempo, la amenaza de cerrar la frontera? No tiene remedio: todo es parte del soliloquio presidencial estadunidense.

Aquí, el Senado de la República no se ha portado precisamente “increíble”: vaya, mandó una carta a los senadores estadunidenses en la que “repudia las expresiones vertidas por el presidente Trump, mismas que degradan la histórica amistad que ha caracterizado la relación bilateral e ignoran el espíritu de cooperación que el Estado mexicano ha demostrado siempre para encontrar soluciones a los retos compartidos que se derivan de vínculos tan intensos y relevantes para ambos países. Expresiones similares vertidas en el pasado por el hoy presidente Trump han incitado actitudes xenofóbicas y dado paso a crímenes de odio y discriminación contra la comunidad hispana en Estados Unidos de América”.

Es cierto que también dice que respaldará los esfuerzos para resolver los problemas migratorios comunes, pero entender eso como un comportamiento increíble, realmente es increíble.

Andrés Manuel López Obrador decidió, por su parte, torear en lugar de enfrentar las amenazas. “Creo que eso es lo mejor”, dijo en una de sus conferencias de prensa: “Tener una política de amistad con el gobierno de Estados Unidos, una relación de buena vecindad... actuar con mucha prudencia y no engancharnos en una confrontación, en un pleito”.

Tiene razón. Si Trump habla a la pared, que la pared le hable a Trump. La versión formal está en la carta de un Senado al otro y responderle públicamente sería ayudar.

De cualquier forma Trump muy pronto volverá a la carga. De hecho lo hizo ayer mismo. “No cambié de idea, nunca. En cualquier momento podría cerrar la frontera”, amenazó. Si no detienen a los migrantes, “pondré aranceles a sus automóviles y cada vez que fabriquen un auto, nosotros ganaremos dinero. Regresarán a Estados Unidos todas las empresas automotrices... Y pienso en una penalidad económica por todas las drogas que ingresan y que matan a nuestra gente”.

En Estados Unidos sí despertó preocupaciones. Con un eventual cierre se pondrían en riesgo millones de empleos que dependen del comercio con México. Y ellos sí hicieron algo para frenar a su presidente. Comenzaron a sentir las consecuencias. Pero ayer, después de visitar su muro fronterizo, ¡Trump se iba directamente a buscar fondos para su campaña!

Una cosa es cierta: cada vez llega más lejos. Y viendo hacia nosotros.

luis.petersen@milenio.com

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