Energía, agua y religión.
Este artículo no es un documento crucial o trascendente en el futuro del mundo actual, pero muestra con objetividad, creemos nosotros, la realidad de lo que estamos esperando en el futuro de nuestro universo y el de nuestros hijos y nietos. Por supuesto que el problema del agua, ya lo dijeron los futurólogos, es fundamental, no solo aquí, en nuestro pequeño terruño, sino en todo el mundo, pues las fuentes de generación de agua cada vez estarán más escasas; y el entorno ambiental está cotidianamente cambiando y con nuestro comportamiento lo llevamos hacia su degradación.
Otro problema, sin duda muy importante, es el de las fuentes de energía. Durante muchos años, nuestro planeta nos daba carbón y petróleo, sucios, pero capaces de generar cambio dinámico del fenómeno energético mundial, pero ahora la energía, nos guste o no, está entrando a una crisis en donde el sol, que es elemental en nuestra producción de energía; el viento y las fuentes hidroeléctricas, así como las biológicas, están empezando a desplazar, producto de nuestro cambio ambiental, al sempiterno y queramos o no están en proceso de desaparición el carbón y el petróleo, lo que nos hará entrar a un nuevo paradigma mundial en donde los carros eléctricos, como ejemplo, tendrán que sustituir la vialidad convencional actual derivada del petróleo.
Aunque parece menos trascendente, porque es convencional y siempre ha existido, es el tema de la religión que está en crisis, porque los valores espirituales están siendo sujetos a la dependencia material del mundo actual de la tecnología y de la programación filosófica, que da la fuente del poder al monetarismo ilustrado, a los cambios tecnológicos, a la competencia y al dios del dinero, como pilar elemental del proceso, desplazando al espíritu.
Este último tema, al parecer convencional, ha sido ya tocado por futurólogos, que muestran que los cambios actuales, en la forma de ser y de ver el espíritu filosófico de la nueva juventud, están transformando totalmente nuestras fórmulas de pensamiento y de ver al mundo y a los demás como algo que es parte de nosotros mismos, y no como fenómeno de competencia cotidiana, para que triunfen aquellos que más tienen y no los que más piensan o los que más tienen la sensibilidad de la concepción filosófica del amor.
Esta problemática está siendo analizada por una nueva visión que tiene que ver con la filosofía adaptada al cambio actual, en donde la industrialización, la economía de los mercados, la nueva sociología política, que está confundiendo cósmicamente, tienen que ser tomadas en cuenta y por supuesto adaptadas a la nueva realidad del cambio sociopolítico y demográfico, que también está aunado a la problemática previamente descrita y que nos hace colocarnos en un entorno en donde la axiología, que siempre fue nuestra fuente del saber y del ser, está cambiando.
Pero lo que sí conserva la visión del nuevo mundo es el espíritu y el amor, porque igual que la genética, han demostrado ser factores de cambio fundamental y valores supremos que hay que conservar, y siempre tener en cuenta en el yo interno y en el yo social.
Descartes: Pienso, luego existo… Si este artículo parece superficial, para nosotros los viejos es muy profundo. Hay que meditar en la filosofía y no solo en el monetarismo de esta época, donde la tecnología está sobrepasando al espíritu.
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