...Cuando te subas a un edificio te vas a caer.
Esta semana conocí al Premio Nobel de Literatura 2008, Jean-Marie Le Clézio, ejemplo de sencillez, calidez y realismo. Y no observé los síntomas de soberbia que caracterizan a algunos de los jóvenes que en la actualidad nos están gobernando y que algunas veces se suben a un ladrillo y tienen el vértigo del laberinto del poder se marean, y se encierran en su círculo rojo, no contestan las llamadas telefónicas y se creen la salvación del universo.
Lo que aquí describo no es sólo un síntoma benigno, de una enfermedad maligna, que es la soberbia, que produce ceguera intelectual, miopía en la solución de los problemas y fantasía bucólica en el quehacer del poder y del dinero, que caracteriza a algunos miembros del sector público, que dejaron el romanticismo histórico y la capacidad de servir en el anfiteatro de su casa.
Basta como ejemplo de esta situación escuchar al secretario de Hacienda hablando con los empresarios sobre la Reforma Energética, donde pinta un panorama excelso, cuando todos los indicadores económicos y los grupos de estudios e investigadores privados y públicos muestran la crisis financiera, y que la reforma no cumple su misión y que la caída de petróleo y del peso han golpeado nuestros objetivos fundamentales en el desarrollo de la nación.
Me preocupa también el círculo rojo que rodea al Presidente y a muchos gobernantes y que con el ánimo de quedar bien dejan el espíritu crítico en la maleta y le pintan colores brillantes con fantasmagoría a sus jefes, haciéndoles creer que estamos en el paraíso, cuando la realidad es que estamos en el averno, cuya hoguera de ineptitudes nos quiere consumir.
Ojalá nuestros servidores públicos actuales y los que están como candidatos recuerden que el único pecado capital que no tiene regreso es el de la soberbia, pues todos los demás con justo arrepentimiento son perdonados, pero como decía el maestro Torres: “Todos somos tontejos (PUP), pero el tontejo y presumido no tiene remedio (PYP)”.
luisetodd@yahoo.com