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Miércoles , 24.04.2019 / 09:30 Hoy

Columna de Luis de Llano Macedo

Los Azcárraga, tres generaciones: ‘El Tigre’ y sus motivos en Televisa

Luis de Llano Macedo

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Aquella noche de abril de 1997, en Ciudad de México no cesaba de llover. Era miércoles y en punto de las 10 de la noche el licenciado Jacobo Zabludovsky abrió la emisión del noticiero 24 Horas con las palabras que quizá muchos ya anticipaban: “Murió esta noche don Emilio Azcárraga Milmo, presidente de Televisa”, y la imagen del logotipo del noticiario se proyectó sin música de fondo…

Con una expresión de profunda consternación, Zabludovsky continuó: “Azcárraga Milmo murió en la ciudad de Miami, Florida, víctima de cáncer; sus restos serán traídos a Ciudad de México. Quienes trabajamos en Televisa, estamos de luto…”

Como expresara Octavio Paz, “Emilio Azcárraga Milmo fue un combatiente en el dominio de la comunicación moderna y murió como un combatiente”, y avizorando el futuro cercano, desde el 3 marzo de ese mismo año, había anunciado en Los Ángeles, EU, “un cambio muy importante en la dirección de Televisa, porque ha llegado el momento en que se renueven sus filas, y queremos hacerlo nosotros mismos, los que hemos estado muchos años en esto… porque la verdad, estamos algo fatigados...”. Con estas palabras hacía pública su decisión de dejar en la presidencia de la empresa a su hijo y sucesor, Emilio Azcárraga Jean, y en la presidencia del Consejo al señor Guillermo White; de esta pensó en garantizar una transición sin sobresaltos en la empresa que durante 25 años convertiría en una Corporación Internacional de Comunicación líder en los medios de habla hispana.

Hijo de ‘El León’

Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, nació el mismo año que surge la XEW; al lado de su padre protagoniza el nacimiento de la Televisión en México y a su muerte lo sucede como presidente de Televisa. Desde joven fue emprendedor. Junto con su amigo de toda la vida, Othón Vélez, inicia su trayectoria vendiendo enciclopedias y da inicio a la carrera que lo llevó a ser uno de los empresarios más importantes e influyentes de México en el siglo XX.

Con su padre trabajó en el área de Ventas de la XEW, dirigió el área comercial de Canal 2 de Telesistema Mexicano, la vicepresidencia de Producción y, tras la fusión de Telesistema Mexicano y Televisión Independiente de México, se convierte en presidente de Televisa, puesto que ocupó hasta poco antes de su fallecimiento.

Como buen “arquitecto de su propio destino”, se ganó a pulso y con gran carácter un lugar destacado en la historia de la televisión en México y el mundo y, aunque siempre se ha criticado a Televisa de ser un “monopolio”, Emilio Azcárraga Milmo logró crear una corporación exitosa, cuyos productos televisivos y de entretenimiento masivo cubrirían el territorio nacional y tendrían presencia y grandes resultados comerciales en más de 100 países: Lo cierto es que, ante tantos logros, a Azcárraga Milmo se le podría haber perdonado el fracaso, pero el éxito que conquistó, jamás...

En alguna ocasión, El Tigre expreso: “México es un país de una clase modesta, muy jodida, para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”. Esta opinión fue duramente criticada y quizá por haberla expresado quedaría marcado en la historia, pero también dijo que “la radio y la televisión son medios en los que el hombre más modesto o el más poderoso tienen la opción de cambiarle o apagar…”. Creía que la democracia del televidente en los medios era efectiva, y por ello, siempre estuvo muy atento de los contenidos que se transmitían a través de los espacios de comunicación que lideraba, dando prioridad a los valores familiares, el respeto al lenguaje y la identidad nacional: algo que en nuestros días, que la apología del delito y los delincuentes vende bien, parece haberse relegado a un segundo término.

Aun cuando los detractores mantuvieran una posición negativa y una retórica contraria al papel de la televisión comercial y privada en México y el mundo, Azcárraga Milmo mantuvo una relación muy cercana con la cultura, la educación y el arte a través de los medios masivos: como presidente de Televisa abre la señal de Canal 9 hacia los contenidos culturales, crea la Fundación Cultural Televisa en 1974, la Editorial Clío especializada en la producción de libros y videos; el Centro Cultural Arte Contemporáneo, patrocina la Exposición México 30 Siglos de Esplendor y la producción de la telenovela histórica, produce un sinnúmero de trascendentales programas y eventos internacionales creados y conducidos por el Nobel Mexicano Octavio Paz, por mencionar algunos de los proyectos culturales, además de varias Fundaciones para muy diversos fines filantrópicos en donde se dieron muestras tangibles de la responsabilidad social de una empresa cuyo negocio es proveer entretenimiento.

Mencionó alguna vez que “los arquitectos deberían diseñar casas empezando por el lugar donde va a estar la televisión, porque es el punto de reunión de todas las familias…”, y para él la familia mexicana era un baluarte: siempre estuvo preocupado por el respeto y la promoción de nuestra identidad nacional, de nuestras tradiciones, creencias e instituciones.

Nunca fue ajeno a los procesos políticos: en muchas ocasiones y en muchas sucesiones presidenciales enfrentó las tendencias de nacionalización de la industria televisa, las cuales supo trascender con inteligencia y visión política, que lo definieron como un empresario político, o como él mismo dijo alguna vez: “Soy soldado del PRI”, aunque ello le conllevara ser objeto de fuertes críticas y polémicas.

Hasta el día de su muerte, Azcárraga Milmo consideró que el gran valor de la empresa que dirigió estaba en su gente, sus empleados, y lo expresó públicamente en innumerables ocasiones.

Una anécdota que describe la relación que tuvo con sus empleados se ha convertido en parte de la mitología de Televisa y de El Tigre, como cariñosamente lo apodábamos, a escondidas de él: Se cuenta que cuando se inauguraron las nuevas instalaciones del CIR, las oficinas de producción en San Ángel, un elemento de seguridad nuevo —y por lo visto desconocedor de cómo era físicamente don Emilio— le pidió que le mostrara su “gafete” para ingresar… ante este requerimiento don Emilio le dijo: “¿No sabes quién soy yo?”, a lo que el elemento respondió: “No señor, pero mis órdenes son que cualquiera que quiera entrar aquí tiene que portar gafete, son instrucciones del señor Azcárraga”. Emilio lo miró fijamente y contra lo que se hubiera esperado, sacó su gafete de color blanco (que solo los altos ejecutivos portaban), se lo mostró y le dijo: “Si ves a ese don Emilio, dile que su empresa está muy segura y protegida por elementos como tú…” y entre risas y la obvia sorpresa y regocijo de los que lo acompañaban, entró al recinto. Días después, el elemento de seguridad recibió un obsequio a nombre de Azcárraga Milmo, con una tarjeta con su foto impresa…

Para nadie era extraño, pero sí muy satisfactorio, verlo caminar por los pasillos y foros de Televisa saludando de mano y reconociendo por su nombre a los empleados con mayor antigüedad. Aunque se le tachó de dictatorial y visceral, su forma de dirigir era de una “vieja escuela” que, en un balance final, lo llevo a ser respetado, pero también una figura entrañable a través de su ejemplo…

Al final de sus días, El Tigre vio partir a su gran amigo Othón Vélez y, en un gesto de caballerosidad, propició la reconciliación con aquellos cercanos con los que alguna vez tuvo una diferencia, como Miguel Alemán, Clemente Serna, Luis de Llano Palmer (mi padre) y también con estrellas que impulsó, como Héctor Suárez o Lucía Méndez; pidió perdón por sus desaciertos en el plano empresarial a sus anunciantes asociados; miró de frente a un futuro que ya no compartiría con las nuevas generaciones, quedó en paz con la vida y murió a bordo de su yate ECO.

El 18 de abril de 1997, por la mañana, las cenizas de Emilio Azcárraga Milmo llegaron a Televisa San Ángel y recuerdo que en el Foro 2 (uno de los más grandes), cientos de empleados nos reunimos para darle el último adiós en el lugar mismo en donde alguna vez lo vimos caminar altivo y orgulloso de su obra, con ese copete cano que a lo lejos lo distinguía.

Aquel día por fin había amanecido soleado, pero dentro de muchos corazones llovía y no dejaría de llover por mucho tiempo… ese día en el Foro 2 de Televisa San Ángel los allí presentes pudimos decirle: “don Emilio, aunque su nombre no esté en ninguna calle, en ninguna estatua, edificio o plaza, en cada una de las piedras, los ladrillos, los cimientos mismos de Televisa, estará siempre presente”.

Existen monumentos erigidos en piedra o metal para eternizar a grandes hombres y hay grandes hombres que no necesitan otro monumento más que la memoria de los que nunca olvidan. Nosotros, quienes vivimos y laboramos en la era de Azcárraga Milmo, nunca lo olvidaremos…

(Esta historia continuará el viernes)

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