“Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía”. Se escuchó recitar esta frase hace ya cuatro siglos a orillas del Tamesis, en las galerías del Teatro Globe del Londres de fines del siglo XV, matizada con la voz firme y profunda del actor Richard Burbage en ocasión del estreno de “La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca”, del dramaturgo, actor y poeta William Shakespeare, llamado también: “El Bardo de Avon”.
Suele decirse que la creatividad artística se nutre de fuentes distintas a las del conocimiento tradicional, tal como la intuición y quizá sea por eso, que algunas obras de arte contienen en el mensaje estético que guardan y trasmiten, verdades intemporales, sin que ni siquiera el propio autor haya tenido esa intención o estado consciente de eso.
Poco sabría el Hamlet de Shakespeare cuando empataba su tiempo y su espacio con el de su padre muerto, acerca de la vastedad del universo y menos aun sobre las complejidades del mundo cuántico, con sus escalas atómicas y subatómicas, en donde el tiempo y el espacio transcurren con reglas distintas a las de la física tradicional.
Pero conforme pasan los años y los siglos, ciencia y tecnología aunadas van haciendo descubrimientos cada día más asombrosos, que, aunque son grandes logros científicos, a medida que avanzan en el estudio “del cielo y de la tierra” shakesperianos, paradójicamente se hallan nuevos misterios que rebasan por mucho nuestra capacidad de comprenderlos y asimilarlos.
En el tema del Universo, las recientes revelaciones del telescopio James Webb parecen confirmar la posibilidad de que el número de estrellas es mayor que el de los granos de arena que hay en las playas del mundo.
Y en el mundo cuántico, se supone que las partículas de las que todo está hecho pueden existir en dos lugares al mismo tiempo.
Yo no alcanzo a comprender ninguno de los dos temas.
Sólo ruego porque como resultado de esa búsqueda, encuentren un algo o un alguien que nos haga conscientes de: 1) nuestra diminuta importancia en el cosmos 2) la brevedad de la vida 3) y nos cure de la estupidez humana.