“La vida es un misterio para vivirlo, no es un negocio para administrarlo”.
Palabras más palabras menos que atribuidas a Soren Kierkegaard, hacen pensar en la complejidad que para los seres humanos implica el entender y conducir la vida, entendida ésta como todo aquello que nos sucede en el lapso que transcurre entre que nacemos y morimos.
En ese lapso y a medida que crecemos, debemos tomar un montón de decisiones que, de alguna manera con frecuencia caprichosa, se entrelazan y determinan la calidad de vida que cada cual disfrutamos o padecemos, sucediendo todo esto como en un tablero en el que debemos jugar con las pocas o muchas fichas que nos toca jugar, contra un rival llamado destino, que al parecer dispone de un número ilimitado de fichas y jugadas inesperadas, que hacen de nuestra vida un sube y baja, que a veces nos mece, otras nos sacude y otras parece que se detiene, como ensayando el inevitable día en que se detendrá para siempre.
Así, a lo largo del tiempo medio aprendemos a reconocer los trucos y jugadas del oponente, igual que a aceptar que no pocas veces saque fichas que estaban ocultas y no sabíamos que tenía.
Estamos aprendiendo a vivir y así entendemos que la injusticia, la incertidumbre y la sorpresa aviesa son parte del juego, que no hay certidumbre ni garantía alguna de que el adversario no decida terminar con el juego y de un violento manotazo, acabe con la partida que confiadamente habíamos iniciado, seguros de que el sube y baja sería siempre un lugar divertido y cierto.
En este juego y rejuego de sorpresas, desengaños y experiencias, aprendemos a reconocer los valores que nos permiten distinguir lo verdaderamente importante de aquello que no lo es, desarrollamos auto juicio crítico para separar emociones de razonamientos y logramos comprender la diferencia entre creencias y datos ciertos y confirmados.
Construimos así nuestra personalidad única e irrepetible, como un pasaporte para transitar por el camino sin retorno de la vida, un camino en el tiempo donde todo es ir y reinventarnos, todas las veces que sea necesario para seguir adelante.