Desde que el hombre habita la tierra, existe un elemento que ha sido -y sigue siendo- imprescindible para la vida diaria, la madera.
Los usos de madera son diversos: combustible, rollo industrial, carbón vegetal, pellets y otros productos aglomerados, madera aserrada, tableros y pulpa para papel.
El consumo de madera en el mundo al cierre de 2020 se estima en más de 2 mil millones de metros cúbicos y, si bien hoy se ha avanzado muchísimo en temas de reforestación, el consumo y la tala indiscriminada provocan la desaparición del orden de 9 millones de hectáreas al año.
La tecnología nuevamente nos ofrece posibilidades extraordinarias de revertir esto: el investigador Luis Fernando Velásquez-García y su equipo en el MIT desarrollaron una forma de cultivar fibras similares a la madera en un laboratorio, sin utilización ni de tierra ni de luz solar.
El método creado por el equipo funciona extrayendo células de la planta de zinnia y cultivándolas “en un medio de crecimiento líquido” para “metabolizar y proliferar”.
Este proceso supuestamente es similar a la impresión 3D, solo que aquí las células vegetales se “imprimen” en moldes.
Esta innovación tiene un potencial extraordinario; en el momento que los investigadores encuentran una manera de escalar la producción al precio correcto, la posibilidad de salvar árboles a nivel mundial es infinita. El círculo virtuoso que se generará alrededor de este avance tecnológico es de proporciones exponenciales.
Al producir en laboratorio de forma controlada y constante toda la madera que se consume en el mundo, se detendría de inmediato la desertificación y se crearán nuevas formas de empleo para transformar esta “madera sintética”.
Adicionalmente, al dejar de talar árboles en todas las áreas forestales del mundo, la reforestación natural generaría una mayor absorción de dióxido de carbono en todo el planeta y, al mismo tiempo, produciría mayores cantidades de oxígeno.
También dejaríamos de contaminar al ya no tener necesidad de transportar la madera desde los bosques hasta los aserraderos y, con ello, tendríamos una atmósfera más limpia y, en consecuencia, una mayor sustentabilidad.
Estos esfuerzos, aunados a la utilización cada vez mayor de energías limpias, nos van a permitir crear un mundo sustentable y sano. _