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Aprendamos a distinguir al virtuoso

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  • Luis Apperti

Hay una frase de San Francisco de Asís, que me agrada recordar frecuentemente, y que aplico siempre que enfrento situaciones complicadas:

“Empieza por hacer lo que es necesario, continua haciendo lo que sea posible y de repente vas a estar haciendo lo imposible”.

Cuántas veces nos encontramos en situaciones complejas, en donde la dimensión de las dificultades nos hace percibir como imposible el salir airosos de esa complejidad.

En la mayoría de las ocasiones, la solución a dichos retos está muy a la vista, pero la ofuscación y la angustia nos impiden verlas con claridad; por otro lado pareciera que la naturaleza humana tiene inmersa una buena dosis de derrotismo y pesimismo, que nos lleva a creer que algunos problemas no se van a solucionar.

La disciplina y la humildad son excelentes herramientas para transitar en medio de aguas turbulentas y tempestades; el problema es que ambas son virtudes no muy fáciles de encontrar y practicar.

Casi siempre buscamos usar la arrogancia y la prepotencia como arietes para salir de los problemas; otra actitud común es gastar tiempo valioso en encontrar o fabricar culpables, porque por supuesto, los problemas que estamos teniendo alguien más nos los provocó.

“Estos malditos me cortaron la luz, apenas ayer se venció el recibo”, “yo estaba a tiempo, pero no me despertaron de la recepción, por eso llegué tarde” etc.

A través de una simple introspección podemos mejorar mucho la manera en como enfrentamos desde pequeñas dificultades cotidianas, hasta grandes problemas ya sean de trabajo, familiares o de interacción con otras personas.

A lo largo de la vida enfrentamos situaciones provocadas por personas de las cuales no podemos entender su comportamiento hostil, sin credibilidad, sin lealtad y pleno de resentimientos, pero absolutamente reales y que provocan daño a veces irreparable.

Personas que justifican aquella famosa frase: “Mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.

Son parte de la vida misma y con todo y ellos tenemos que seguir adelante tratando de ver la otra cara de la moneda, la de la existencia de personas leales, comprometidas, siempre dispuestas a hacer algo por los demás, e incapaces de dañar a un semejante de manera intencional.

Por cada una de estas personas virtuosas hay cientos que son lo opuesto; aprendamos a distinguirlos y a evitar ser uno de ellos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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