Política

Feminismo: conversación abierta

  • Columna invitada
  • Feminismo: conversación abierta
  • Leticia Treviño

El feminismo contemporáneo no se agota en la narrativa de los derechos ganados, sino que se nutre de una sólida arquitectura de pensamiento que nos permite dimensionar las causas profundas de la exclusión.

Para entender este entramado conviene revisar las aportaciones de algunas intelectuales cuyas ideas nos ayudan a identificar los mecanismos que perpetúan la subordinación de las mujeres. Sin estas herramientas críticas, la desigualdad se acepta como un hecho natural y no como una construcción social que puede y debe transformarse.

La filósofa Martha Nussbaum ofrece una brújula esencial al proponer que la justicia no se mide por derechos en papel, sino por capacidades reales. Bajo esta lupa, si una mujer no tiene seguridad física, salud o autonomía económica, su libertad es una ficción. El feminismo se convierte entonces en la garantía de que cada persona tenga el control efectivo de su propia vida, más allá de las leyes formales que a menudo se quedan en la superficie.

Sin embargo, ese control choca con un mundo diseñado bajo un sesgo masculino que a menudo pasa desapercibido. Caroline Criado Pérez ha denunciado cómo desde los ensayos clínicos hasta los algoritmos y el urbanismo, el referente siempre ha sido el hombre promedio. No es un olvido simbólico, sino que representa un riesgo material que se traduce en diagnósticos médicos menos precisos y ciudades más hostiles para las mujeres por el simple hecho de no haber sido consultadas en el diseño original de los espacios y servicios.

Esta exclusión nace de un borramiento histórico que Virginia Woolf ya señalaba hace casi un siglo. Sin independencia económica ni un espacio propio, el talento femenino estuvo condenado a la invisibilidad por falta de medios. Esa carencia de recursos se usó después para alimentar el mito de una supuesta falta de capacidad creativa, una falacia que la psicóloga Cordelia Fine desmonta hoy al combatir el neurosexismo. La biología no es destino, sino que la socialización y las expectativas culturales son las que moldean los roles de género desde la infancia.

El problema escala hacia el sistema económico y político de manera inevitable. Figuras como Silvia Federici y Nancy Fraser coinciden en que la invisibilidad del trabajo doméstico y la alianza de cierto feminismo con el éxito corporativo han dejado intactas las estructuras de poder. La verdadera transformación no ocurre cuando algunas mujeres llegan a la cima del mercado, sino cuando el sistema deja de sostenerse sobre la explotación no remunerada de los cuidados.

Finalmente, Adela Cortina nos recuerda que ninguna reforma será suficiente sin una base ética que reconozca la dignidad plena de la persona. La igualdad de género no puede ser solo un decreto administrativo, sino que debe ser una convicción moral que rechace la discriminación desde la empatía y la justicia.

Las voces de estas pensadoras son el mapa para una conversación abierta que interpela nuestras instituciones y nuestra propia conciencia. Las teorías ayudan a comprender las razones del feminismo, pero la realidad de la violencia y el feminicidio nos recuerda que el territorio sigue en disputa. El reto actual no es sólo incluir a las mujeres en un mundo que les es ajeno, sino rediseñar nuestra realidad para que la dignidad deje de tener género.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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