Cultura

Lo que no se nombra

  • Taller Sie7e
  • Lo que no se nombra
  • Laura Olivia Hernández

¿Cuándo es necesario el silencio? En la música se necesita para una circulación entre nota y nota. Permite repensar el sonido. En la vida común, muchas veces, es mejor dejar actuar a Doña Prudencia: callar, dejar de hablar; entonces, reflexionar en lo que se va a decir y no romper de un tajo, o tensar, las relaciones de amistad, familiares o sociales. Hay quien sacrifica sus ideas en pos del otro.

Admiro a los que manejan el lenguaje de manera dinámica, saben contestar a la primera, sin herir y expresando con claridad sus argumentos. Aun insonoros, evocamos sentimientos que se esparcen como un susurro, y en los recovecos del espíritu se asientan sus raíces.

Para ingresar a la escuela pitagórica, los iniciados debían permanecer mudos por años con el fin de profundizar más en el lenguaje; era un método de pensamiento que les daba herramientas para interiorizar sus palabras y que, al expresarlas, fueran más simbólicas. ¿Qué habita en el silencio? En el ajedrez, estás concentrado en el tablero, el tiempo, la jugada... de repente escuchas "jaque" y tus sentidos se agudizan en el rey para salvarlo; durante la partida tu mente está conectada a las piezas, no hay ruidos que distraigan, es un espacio de acción y pensamiento.

En la narrativa, específicamente en el cuento, lo que no se dice es importantísimo; lo que subyace en las líneas es lo relevante: la masa del iceberg del que habla Hemingway. Para la poesía, en las metáforas y en el ritmo vive la belleza, la fealdad, el odio, el amor… El poeta habla de sus emociones trastocando la realidad; el lenguaje se viste de imágenes, de retratos que permiten ver el color, la luz, las líneas, los bordes. Todo eso es exterior, son elementos para trasparentar el interior, lo indefinible, lo misterioso, llegar a la médula, a lo escondido del alma. Sosegado, el poema se revela al lector, va poblando sus sentidos de un mar de palabras, las que poco a poco mojan la alegría, la angustia, la soledad… hay que dejar correr las sensaciones para calmar las aguas.

Existen infinidad de silencios según los contextos. A veces necesitamos callar para dialogar con uno mismo, descubrirnos en el otro y dejar de tenerle miedo a las silentes paredes internas; algo de nosotros nos van a decir. Shhhh. Shhhh. Shhh. Carpe diem.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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