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Las mujeres ya ganan en educación; el problema es afuera

Falta mucho para que consigan una verdadera igualdad de oportunidades, pero las mujeres han logrado avances importantes en múltiples frentes. En algunos, como en la educación superior, ya superan a los hombres. El problema es que esos avances chocan con una serie de barreras económicas que les impiden alcanzar su potencial, siendo la falta de un sistema de cuidados una de las más relevantes.

En la economía del conocimiento, en la que la cabeza vale más que la fuerza, tener un título universitario puede marcar una diferencia significativa. Quienes logran obtenerlo ganan, en promedio, 80% más que quienes solo terminan la preparatoria, y más del doble que quienes se quedan en secundaria. 

Bajo esta lógica, las mujeres parecerían estar mejor posicionadas para aprovechar este premio educativo. Su presencia en las universidades no ha dejado de crecer y hoy representan 53% de la matrícula. Además se gradúan y se titulan en mayor proporción que los hombres. En papel, el futuro parece prometedor, pero la realidad es más complicada. 

Hay varios factores que limitan que ese progreso educativo se traduzca en mejores oportunidades económicas. De entrada, las mujeres tienden a concentrarse en áreas de estudio como humanidades, salud y educación, que suelen pagar menos que las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), en las que predominan los hombres. Esta diferencia en las elecciones académicas explica parcialmente por qué los hombres con licenciatura ganan, en promedio, 26% más que las mujeres con la misma escolaridad. 

Por supuesto que no es la única explicación. La brecha de género persiste incluso entre hombres y mujeres con las mismas carreras. Sin duda existe un elemento de discriminación, pero también influyen factores estructurales que dificultan la participación de las mujeres en el mercado laboral o su permanencia en él. 

En particular, está la falta de un sistema de cuidados que les permita decidir con libertad si quieren salir a trabajar o si prefieren quedarse en casa a cuidar a sus seres queridos. Porque en México, tres cuartas partes de las personas que asumen el rol de cuidadores son mujeres. En muchos casos no es una elección libre, sino el resultado de no tener alternativas. Sin un sistema de cuidados amplio, accesible y eficiente, millones de mujeres no tienen la posibilidad real de decidir si salir o no al mercado laboral. Simplemente no pueden. 

Hoy el CEEY, institución que presido, publica un informe que analiza el impacto del acceso a servicios de cuidados en la movilidad social de las mujeres. Nuestras conclusiones no deben sorprender a nadie. Las mujeres tienen el potencial, la preparación, y en muchos casos las ganas de participar exitosamente en el mercado laboral; lo que falta son oportunidades. Mientras persistan barreras estructurales, como la falta de un sistema de cuidados, el futuro prometedor que dibujan las estadísticas educativas seguirá siendo solo una promesa.


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Julio Serrano Espinosa
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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