Política

No más mentiras e historias sórdidas

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • No más mentiras e historias sórdidas
  • Juan Noé Fernández Andrade

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Vaya que ha levantado ámpula en el país la propuesta presidencial de que se discutan los llamados “Lineamientos para la protección de los derechos de las audiencias”.

Obvio, los del lado contrario a la gestión de la jefa del Ejecutivo, no tardaron en atizarle duro al planteamiento, pese a que no es ni ley ni decreto sino una idea a la que convoca explorar a nivel nacional.

¿Por qué tanto lío? ¿Para qué defender lo indefendible como es la mentira que arrastra, la calumnia que daña, la manipulación mediática por consigna de parte de conocidos medios impresos y electrónicos? ¿Somos masoquistas y nos da igual sabernos engañados por ese periodismo y la avalancha de falsas versiones que inundan las redes sociales?

Diversas fuentes aseguran que un 43 por ciento de los mexicanos afirma haber estado expuesto a noticias falsas o engañosas en un periodo semanal, ubicando a México en el segundo lugar mundial en exposición a este problema; igual, el Reuters Institute for the Study of Journalism indica que el 93 por ciento de la población del país asegura encontrarse con contenido falso de manera frecuente en las redes sociales. 

Otro 31 por ciento opina tener confianza general en las noticias y medios de comunicación, que es uno de los niveles más bajos de credibilidad registrados. 

Lo preocupante es que el 33 por ciento reconoce no saber cómo identificar de forma certera una noticia falsa (fake news), de acuerdo con mediciones de ciberseguridad de Kaspersky.

Recuerdo que hace unos años, la directora editorial de Milenio Laguna, Marcela Moreno Casas, me pidió que le propusiera a una persona para que fungiera como defensor de lectores (as) del diario. 

Roberto López Franco (qepd), académico, psicólogo y comunicador, cumplió la tarea a cabalidad, sin mayores sobresaltos, apegado a defender al auditorio de posibles engaños.

Por eso ahora, obvio, al surgir de la presidente Claudia Sheinbaum tal idea, que en muchos países es algo normalizado, la oposición brinca, patalea, discrepa, lanza sus dardos, tergiversa lo que se busca y, otra vez en plan nado sincronizado, defiende su postura alejada de principios éticos, y no pocas veces su pobreza moral.

Y todo porque desde el pasado sexenio morenista no hay la sobrefacturación por sus servicios. 

En esto se ubican numerosos comunicadores, “líderes de opinión”, “afamados” periodistas.

Entre ellos(as), por ejemplo, se desgarran las vestiduras porque Luis Cárdenas, conocido conductor de un espacio televisivo capitalino, desde este viernes deja la empresa para la cual trabajó los últimos 16 años. Sin empacho, ni pruebas, los exquisitos comentócratas le adjudican el hecho a presiones del gobierno federal.

Poca gente sabe en la Laguna, que varios(as) comunicadores hemos salido despedidos por presión de la iniciativa privada, pero también y porque así lo piden desde el Palacio de Gobierno o la alcaldía. 

En Torreón, sede principal de periódicos, revistas, canales de televisión, estaciones de radio, portales, yotuberos y creadores de contenido, esto es una realidad.

Cierto, los poderes mediáticos andan de bandazo en bandazo, el público ha optado por enterarse o confundirse, mejor, vía otras alternativas comunicativas. 

Las muchas críticas al periodismo y a las y los periodistas no son nuevas, la palabra de nosotros se incumple de manera cotidiana aunque se vierta a los cuatro vientos. 

¿Se debe corregir esta forma de hacer informar y comentar? 

Sí, en definitiva. Porque la misión del periodismo no es mentir ni engañar ni manipular conciencias, sino desde una fundamentación la ética investigar e informar y, con profesionalismo, enaltecer la verdad de los hechos en beneficio de la sociedad.

El periodismo, y por lo tanto los periodistas, tendríamos que alejarnos de la mentira como ancla de lo que hacemos. 

Porque no somos narcos, no somos delincuentes, ni mafiosos ni hacedores de lo que en otras profesiones es fácil corromperse porque hay mucho dinero. No. 

Por eso el llamado a que cada medio elabore su propio código de ética. 

Esto incluye a los famosos comentócratas, mujeres y hombres, que en el colmo del cinismo y la desfachatez, se regodean día tras día, emisión tras emisión, en distorsionar y obsesionarse en que el público se trague sus mentiras.

La comunicación mediática, con todo y lo que difundimos a diestra y siniestra en las plataformas y redes sociales, y el periodismo, debiera ser aliada de la comunidad, porque es una obligación monumental llevar a cabo un manejo honrado de lo que expresamos en esos espacios impresos, electrónicos, y la artillería de las tecnologías de información.

Será imposible cambiar las mentiras por verdades, si no somos conscientes de que la moral es consustancial al sueño de saber vivir bien y en armonía con la otredad.

A nivel Coahuila, a nivel Laguna, y en concreto en Torreón, la mentira debe desterrarse de nuestro quehacer comunicador. 

Si quienes gobiernan se empeñan en mentir, no nos prestemos a su juego, no establezcamos en lo oscurito ese guion. 

Que no quede en ornato el código de ética de cada medio de comunicación, ni el personal. 

La honorabilidad y valor humano es un asunto individual, el camino para acallar la mentira y ese caudal espinoso y lastimoso de engaños, simulación, hipocresía, corrupción.

El reto es ser honestos y servir. La mentira solo desencadena historias sórdidas, parta de donde parta.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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