Ninguna forma de gobierno da para más, escribí en mi columna pasada. La referencia al caso del viejo racismo que padecen las minorías étnicas en Estados Unidos, y que con el asesinato de George Floyd catapultó una inmensa inconformidad alrededor del mundo, puso de manifiesto que la mayoría rechazamos estas prácticas discriminatorias, donde sean y cualquiera que sea el acto de segregación humana.
Lo de Floyd, se da en la nación más poderosa, un país cuyos contrastes provocaron, más que una toma de calles, una esperanzadora conciencia universal acerca del problema. En los cinco continentes el repudio a lo acontecido en Minneapolis fue multitudinario, reunió espontáneamente a miles de personas de todas las razas. Lo visto representó un acuerdo tácito ante este tipo de expresiones atentatorias y que sobajan y atentan contra la dignidad de los seres humanos.
En México, tristemente, este trato social está arraigado. Reproducimos prácticas discriminatorias y clasistas, infligimos un racismo insultante de norte a sur y de este a oeste. El origen étnico, la suerte económica, la opción religiosa, la formación educativa, las capacidades físicas, la inclinación sexual, un largo etcétera nos tiene, me atrevo a afirmarlo, en el actual estado de cosas porque es lo que se adoptó como forma de gobierno.
La desigualdad social es crónica y violenta la vida nacional, padecemos de microrracismos, hay un alterado trauma de superioridad acentuado por los desequilibrios económicos que nos siguen arrastrando a etapas como la presente en que ese cúmulo de estereotipos y prejuicios nos confronta, polariza y nos distancia de poder asumirnos como un solo país.
No habrá un futuro mejor si el hoy no lo interpretamos de otra manera, si no somos capaces de dejar de ver al resto como rivales, como gente menor, personas indeseables, feas, ignorantes. Porque ser pobre en México, y (sobre)vivir en el medio rural o en la ciudad, estudiar en instituciones públicas, andar a pie y utilizar el transporte público, vestir humildemente, ser indígena, de capacidades diferentes y no hablar inglés, es la sentencia de segregación social.
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