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Miércoles , 20.02.2019 / 03:43 Hoy

Columna de Juan María Naveja Diebold

El capitalismo y su problema existencial. (Parte V)

Juan María Naveja Diebold

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En esta serie hemos concluido que, al estar a salvo de las amenazas a su existencia, la humanidad está en la búsqueda de razones trascendentales para vivir y no solo sobrevivir. Mientras que la raza humana ya no está en peligro de perecer, tenemos muchos problemas por resolver y quizás el más complicado de todos es nuestro grave desacuerdo respecto a los temas definitivos de nuestra época.

Muchos aún no creen que el calentamiento global es causado por la humanidad y aún los que creen que es por la contaminación, no están de acuerdo cómo enfrentar el problema. Cubrimos en una entrega previa el declive de las religiones, pero muchos de quienes siguen teniendo fe la han usado para escudarse de los cambios sociales que sacudieron al mundo en las últimas décadas. La globalización ha generado un gran crecimiento económico e intercambio de ideas, pero la riqueza se ha quedado en las manos de pocos y los electorados están exigiendo una vuelta atrás de muchos de sus efectos. En ese mismo tema, los constituyentes de todos los países alrededor del mundo están desilusionados con la forma de gobierno que la mayoría hemos adoptado: la democracia representativa, y están buscando un cambio a lo que sea, frecuentemente cayendo por las promesas proteccionistas de los regímenes autócratas.

Probablemente las personas siempre han estado en completo desacuerdo, pero antes no tenían como documentarlo y compartirlo, y si alguien que vivía en Latinoamérica no estaba de acuerdo con alguien que vivía en Asia Menor, importaba un bledo. Ahora ése desacuerdo es un problema porque hay comercio, migración y comunicación entre todas las naciones. Si un Ayatollah extremo cree que el alcohol corrompe a la humanidad y tú eres un productor de tequila con distribución mundial, eventualmente van a tener una disputa seria que puede resultar en daños económicos, pero más importante, en un mundo globalizado, ambos saben que solo la idea de uno de los dos puede sobrevivir y, si los dos están dispuestos a hacer lo que sea para sobrevivir, el problema teórico se hace una amenaza económica y material muy real.

En México vivimos en una sociedad mestiza, prácticamente monoteísta, con poca migración y un solo socio comercial que acapara el 80% de nuestro comercio internacional. Nuestros conflictos están en su mayor parte adentro de nuestras fronteras, pero imagínense vivir en una ciudad europea que ha recibido muchos refugiados árabes. Llegan con una pirámide de valores y prioridades que están opuestas a las tuyas, sabes que solo una de las dos formas de vida va a dominar a largo plazo y ellos se reproducen más rápido que tú ¿Vas a votar por el político que los apoya o por el que defiende tu manera de vida? (Yo votaría por el que aboga a favor de los refugiados, pero más de eso en otro momento).

Es difícil. En todo el mundo vemos decisiones electorales favoreciendo a candidatos que proponen ideales inmateriales inalcanzables y exigen una plataforma de lealtad que claramente muestra sus intenciones de omnipotencia y tratamos de racionalizar lo inexplicable cuando la explicación no es razonable. La gente quiere un cambio. Ya no quiere vivir bajo un capitalismo regido como una democracia representativa… Y quizás ya no lo tengan que hacer… Pero sobre el tema en la parte VI.

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