Es asombroso el Director Técnico que tiene Cruz Azul. Personaje envidiable, capaz de captar todas las buenas vibras hacia el equipo cementero.
Se le admira la tranquilidad que genera y comparte. Transmite suficiente confianza a sus dirigidos para que intenten ser campeones, otra vez.
La claridad con que convence a la prensa es el aliento necesario para poder salir del húmedo lugar en el que están sumidos. Con su convincente persuasión es capaz de reordenar todo lo malo del futbol de nuestro país. Bienaventurados este tipo de personajes, dignos de respeto y admiración.
Ver al Estadio Azteca casi vacío es causa de envidia y admiración.
A los entrenadores cesados se les respeta, deseándoles que vuelvan a tener éxito. La difícil libertad que otorga el poder para decidir, llena de conflicto a los responsables de hacer que las cosas cambien.
El Infierno no ha sabido regenerarse y esto causa sorpresa porque nos tenía acostumbrados a los jugosos éxitos. Ya ni su propia lumbre los calienta.
A los dos Regios se les envidia su momento. Es justo reconocerles el gran ejemplo que le están regalando al país.
Es conmovedor lo que exhiben y nos avisan que están dispuestos a ser ellos los finalistas, y nadie más. No tienen pensado invitar a nadie ni compartir la admiración que hoy se les brinda.
El respeto que imponen es envidiable. Intentar hacerles daño es pecado. Admirable su jerarquía que obliga a nombrarlos como ejemplo nacional.
Los dos equipos de color verde que casualmente se enfrentan mañana, han aparecido de nueva cuenta. No sé si esto cause admiración a otros porque la envidia suele corromper las posibles buenas intenciones que otros pudieran externar.
En apariencia poco se les puede envidiar pero reclaman respeto porque el éxito se les acerca. Ignorarlos es un error.
Son la nueva admiración del torneo, atraen y le ponen otro sabor a la competencia. No todo nace o se establece en la capital del país.