Cultura

Santi Balmes y su "Canción de Bruma"

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  • Santi Balmes y su "Canción de Bruma"
  • Juan Carlos Hidalgo

Henos aquí de nuevo… ante un libro de escritura poética concebido por un músico de cierta fama. ¿Qué es lo que debe de ir por delante? Pues los textos: “Bruma, no os lo he dicho antes/ es el nombre de mi ciudad interior donde soy el alcalde/ fiscal y proscrito, un sátiro loco y también un erudito/ ¿Los barrios de Bruma? Zonas cerebrales/ Hay personajes sabios, otros ebrios de triunfo/ y unos cuantos proscritos a los que llamo Vergonzantes”.

El catalán ha publicado su cuarta obra literaria y de entrada debemos de celebrar que sea alguien que se pasa las reglas académicas por el arco del triunfo. Se trata de un tipo al que le gusta escribir por sobre todo lo demás; encuentro en Canción de Bruma al mismo autor de una canción tan contundente como “Allí donde solíamos gritar”, que grabó con Love of Lesbian: “¿A que no sabes donde he vuelto hoy? / Donde solíamos gritar/ diez años antes de este ahora sin edad/ aún vive el monstruo y aún no hay paz”.

Él mismo poeta-cantante que hizo “Bajo el volcán”: “Cuando yo sólo era brisa/ acuérdate bien que al no poder mirarme/ sabía que existía sólo si a ti te podía mover/ De casi todos mis viajes/ De ahí me llevé varias canciones de aire/ recuerdos de viajes/ que en mares del trópico adquirí”.

Balmes se ha decantado por la prosa, es decir, escribe sin parar y sin privilegiar la estructura y/o el género. Por eso en el resultado final hay poemas más formales, aforismos, narraciones que pasan como cuentos y textos poéticos casi mutantes. Es un libro tan huidizo y raruno como el artista que lo ha concebido, pero ante todo sumamente disfrutable y lleno del temperamento y perspectiva de un hombre en plena madurez creativa y existencial (nació en 1970 y es padre de 2 hijas).

Habremos de señalar que Santi se ha decantado por una editorial pequeña –Principal de Libros-, empresa a la que da un fuerte empujón de ventas, dado que para cerrar 2017 el volumen ya iba en su quinta edición y apenas apareció en abril del año pasado. Al no ser un gigante editorial la compañía le dedicó mucho cuidado a la edición, que posee un diseño muy bello e incluye las ilustraciones del Sr. García.

Canción de bruma es un libro que es presentado de una manera que engancha de golpe al lector que lo topa por internet o toma en sus manos la contraportada: “Se han dado casos… de cosas inexplicables, de hombres que se bañan con sirenas, de cicatrices en la frente de hombres valientes, de abecedarios del mal, de canciones de cuna, de carreras que nada tienen que ver con distancias, de patinadoras que dejan huella, de los fantásticos años veinte, de monstruos con rutinas, de conversaciones con la culpa, de homenajes a las palabras, de los despertares de una vida, de carnes que tiemblan, de canciones que surgen de la magia, de paradojas con lógica, de especies raras en pleno siglo XXI, de horizontes que nos reclaman, de versos precoces, de ciudades interiores llamadas Bruma… y de un psiconauta de sus propios universos infinitos”.

De ahí que broten textos que hablen de un “Futuro imperfecto”: “El futuro también tendrá profetas de su particular futuro/ y cronistas y analistas de nuestro ahora/ El futuro, pues, no es nada”.

Para redondear al concepto del sucesor del compilado de relatos La doble vida de las hadas (2014), se incluyó un peculiar prólogo del guitarrista y letrista de la banda Egon Soda, Ferrán Pontón, en el que se regodea en la figura del escritor y de inmediato concluye: “Al final, todo el mundo tenía un santibalmes… Y después de leer esos versos todos apretamos contra el pecho si cabe más fuerte a nuestro santibalmes. A veces porque nos parece más frágil y vulnerable. A veces porque nos parece que se ha hecho gigante y nos dejará para siempre”.

Y es que el creador de El poeta Halley –como personaje y álbum de Love of Lesbian- no se pertrecha detrás de la fama que ha conseguido como figura insigne del indie español sino que se labra una carrera bien exigida y transpirada; Canción de Bruma contiene 70 textos de diferentes extensiones, 286 páginas y varios poemas de largo aliento –misión creativa a la que actualmente muchos sacan la vuelta-.

Entre esos poemas en los que se explaya, en los que no le corre prisa y no conoce de las distancias cortas, existe uno notable al que ha titulado “España, dulce ratona” y en el que apunta: “Relatos místicos que perturban/ el último disparo del delantero/ Santa Teresa es cheerleader, San Juan de la Cruz, utilero/ y frente a la portería, en el último momento/ el delantero piensa que lo correcto es mandar el balón al larguero/ sabiendo que de él sólo quedarán los huesos”.

Se trata de una de una vuelta de tuerca a Me duele España de Miguel de Unamuno y que refleja ese hartazgo de muchos españoles para con su clase política y sus gobernantes. Lo que la prensa no podía dejar pasar; cuando le preguntan acerca del origen de ese alegato político no vacila en apuntar: “Obedece al instinto. A tomarte la temperatura cada día y dejarte llevar por lo que se ha colocado en el centro de tu diana emotiva a cada momento. Y disparar”.

Pero no sólo aparecen en el libro menciones a la agenda pública de su país, porque se imponen las referencias a un vasto universo afterpop con el que ha crecido y que pasa por la pintura de Magritte, el cine de Terry Gillian y los Monthy Piton y, por supuesto, menciones a músicos a los que profesa admiración sincera –con David Bowie por delante-.

En una conversación con Enrique Gijón para Mondosonoro amplía el tema de sus filias: “¿Debería hablar de Rubén Darío o ser sincero conmigo mismo y soltar unos cuantos referentes de otras disciplinas mucho más pop? Lo tenía muy claro. Soy lo que soy por lo que he ingerido culturalmente, y eso pasa por aceptar que vivimos en un mundo donde la literatura bebe del cine, y al revés, así como tantas disciplinas. Es que muchos grandes poetas de hoy en día, sobre todo a partir de la década de los sesenta, decidieron volcar su poemario en formato canción. Jim Morrison, por ponerte un ejemplo, hubiera sido escritor en el siglo XIX, pero la revolución habida en los sesenta lo llevó irremisiblemente a la vorágine del rock. David Lynch hubiera sido pintor, probablemente, en otro siglo. Y así podríamos enumerar muchos ejemplos de resituación”.

Así, Balmes se muestra como un creador para el que no existen diferencias entre ser músico y poeta, y que se atreve a firmar textos que llevan por nombre “Bathman”, que puede ser desmadroso y profundo a partes iguales y que vuelca su naturaleza y sensibilidad en todo lo que hace; no importa si está con Love of Lesbian o impulsando su obra literaria: “El imaginario es algo que uno va desarrollando a través del propio acto creativo; el cual acaba ensanchando tus propios límites de percepción e interpretación de la vida”.

circozonico@hotmail.com

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