Si tan sólo hubiera puesto más atención a las señales, podría haberme acercado para apoyarlo y tal vez hoy él seguiría aquí”.
Esta idea suele acompañar a quienes hemos vivido de cerca el suicidio de un ser querido. La culpa, las preguntas y los “si hubiera…” pueden convertirse en una carga difícil de soltar.
Pero el efecto en cascada es todavía más complejo cuando entendemos que hay más personas por quienes ocuparnos. Menos culpa y más atención. Menos silencio y más escucha.
Hoy, más que nunca, el suicidio debe dejar de ser un tema tabú.
Septiembre es el mes amarillo, dedicado a crear conciencia sobre la prevención del suicidio. El objetivo es visibilizar, identificar y recordar.
Visibilizar significa hablar abiertamente de la salud mental y emocional, con respeto y sin juicios, para contribuir a romper estigmas y facilitar que quienes necesitan ayuda puedan buscarla.
Identificar implica reconocer señales de alerta en familiares, amigos o compañeros: cambios bruscos de ánimo, expresiones frecuentes de desesperanza o de deseo de no vivir, aislamiento o alejamiento de los seres queridos, así como cambios drásticos en los hábitos de sueño o alimentación.
Recordar que escuchar, acompañar y tender una mano puede salvar una vida.
Hablar del suicidio de manera responsable no incita a una persona a hacerlo. Por el contrario, una conversación abierta, empática y sin juicios puede convertirse en una puerta para recibir ayuda.
También existen vías profesionales de atención. En México, la Línea de la Vida, de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), brinda atención en el 800 911 2000. También está SAPTEL, Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono, en el 55 5259 8121.
En nuestro país se registran miles de suicidios cada año. Pero detrás de cada cifra hay una historia, una familia y personas que quizá estuvieron más cerca de lo que imaginamos.
Tan sólo en Monterrey, en los últimos 17 días, cuatro personas han intentado quitarse la vida al lanzarse desde estaciones del Metro. Son hechos que nos obligan a mirar más allá de la estadística y preguntarnos cuántas señales estamos dejando pasar.
Porque quizá esa persona que tenemos enfrente no necesita que resolvamos su problema. Tal vez necesita saber que no está sola.
La próxima vez que preguntes “¿Cómo estás?”, espera a escuchar realmente la respuesta. Incluso si llega en forma de silencio.
Y si entiendes que hay una necesidad, acércate. Escucha. Acompaña. Abraza.
Porque a veces, la presencia de alguien puede ser el primer paso para pedir ayuda.
Los abrazos, la presencia y la escucha también pueden salvar vidas.